Prohibido decir

 
 

En el norte y mientras caen 50 litros por metro cuadrado, a un veraneante recién llegado: «Hasta ayer ha hecho un tiempo buenísimo». En cualquier lugar de España a quien no se ve desde el verano pasado: «Lo tuyo es increíble. Estás igual que hace un año». En Sotogrande, al hijo que pide a su madre permiso para volver a las seis de la mañana: «No, mi sol, máximo, a las cinco». En Sotogrande, al hijo que pide a su madre permiso para volver a las cinco de la mañana: «No, mi sol, máximo a las cuatro». En el Puerto de Santa María un día de viento de levante: «Hoy, levante». En el Puerto de Santa María, un día de viento del poniente: «Hoy, poniente». En Benidorm: «Mañana tenemos paella en casa de los Pajín». En Sotogrande, al hijo que pide a su madre permiso para salir hasta las cuatro de la mañana. «No, mi sol, máximo a las tres». En Biarritz, un español a otro mientras meriendan en Dodin: «Esto está lleno de españoles». En San Juan de Luz un español a otro mientras pasean por la Rue Gambetta:
«Fíjate, sólo se oye hablar en español». En un camping norteño, dentro de una tienda de campaña, de un ecologista a su pareja de hecho, otra ecologista: «De acuerdo, lo de la lluvia me parece bien, y los prados están preciosos, pero mañana nos vamos a Mazarrón». En Sotogrande, al hijo que pide permiso para salir hasta las tres de la mañana: «No, mi sol, máximo hasta las dos». La frase que sigue no está prohibida, ni mucho menos, pero pocos se atreven a pronunciarla. En San Sebastián, con voz nada piana ni prudente: «Siempre he dicho que San Sebastián es la ciudad más bonita de España». También se puede decir sin pronunciar la «s» de España, que queda más patriótico y, por lo tanto, más arriesgado. «Siempre he dicho que San Sebastián es la ciudad más bonita de ¡Epaña!». Y también, merecedora del mayor respeto, la fórmula toledana: «Siempre he dicho que San Sebastián "ej"la ciudad "maj"bonita de ¡Ejpaña!». En Santander, el cliente al taxista que le recoje en el Palacio de La Magdalena: «Y ahora, lléveme al Palacio de La Magdalena, que me han dicho que está muy bien». En Sotogrande, al hijo que pide permiso para quedarse en casa y no salir: «No, mi sol, no puedes hacerle un feo a los McMacken, que se portan de maravilla con nosotros. Tienes que quedarte hasta las ocho de la mañana, y si están los Zubbel, hasta las nueve, que a papá le han echado del trabajo».
En Biarritz, un español a otro mientras toman una copa en la piscina del Hotel Du Palais: «El año que viene me quedo en España, porque aquí no hay más que españoles, y esto es carísimo». En Madrid, el niño que ha estado tres meses interno en un colegio de Inglaterra a sus padres cuando le piden que diga algo en inglés: «London».