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La realidad europea

Reino Unido opta por el bilingüismo puro

Tiempo de lectura 8 min.

14 de octubre de 2012. 01:55h

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14/10/2012

Londres- En Reino Unido el inglés es el idioma oficial, pero convive con el galés, el gaélico y el irlandés. Las administracilondres- En Reino Unido el inglés es el idioma oficial, pero convive con el galés, el gaélico y el irlandés. Las administraciones públicas de Gales, Escocia e Irlanda del Norte son bilingües y en cuestión de educación la situación varía de un punto a otro de la isla, ya que, mientras el galés es obligatorio en los colegios de la región donde se habla esta lengua, el gaélico y el irlandés son asignaturas opcionales en Escocia e Irlanda del Norte.

La regularización de estos dialectos ha sufrido importantes modificaciones en los últimos años. El Gobierno británico apoyó en todo momento la petición de hacer del galés una «lengua co-oficial» que permita a los ministros locales hablarlo en las reuniones de Bruselas. En Gales, el inglés y el galés gozan de la misma igualdad desde la Ley de la Lengua Galesa de 1993. La norma establece que ambas lenguas tienen el mismo estatus en la Administración pública de la región. Ambas son oficiales en la nueva Asamblea Nacional, aunque cualquier tipo de publicidad o información, como por ejemplo las cartas que reciben los padres de los colegios, deben estar escritas en las dos lenguas, al igual que las señales de tráfico o los nombres de los lugares. Muchos carteles de calles y tiendas de Gales son bilingües. Aunque no se espera que los ciudadanos de otras partes de Reino Unido hablen galés, se pide el uso de esta lengua a la hora de acceder a muchos empleos.
Hoy día cerca del 20% de los escolares reciben una educación inmersa en galés mientras que en los demás centros educativos el alumnado debe estudiarlo como segunda lengua hasta los 16 años. Desde el año 1944, la Administración pública tiene responsabilidad por establecer escuelas galesas en las zonas donde el idioma haya retrocedido ante el inglés en el habla comunitaria. Según los datos de la encuesta de población más reciente, por primera vez desde principios del siglo XX el número de galés-hablantes experimentó un débil crecimiento del 19 por ciento al 21 por ciento de la población.

Los éxitos alcanzados en esta región han llevado a Escocia a seguir sus mismos pasos en un intento de impulsar el gaélico escocés, dialecto que históricamente nunca ha recibido el mismo grado de reconocimiento oficial por parte del Gobierno británico.

La medida más importante en este campo ha sido la Ley de la Lengua gaélica escocesa aprobada por unanimidad en el Parlamento escocés el 21 de abril de 2005. Las principales disposiciones de la norma están destinadas a garantizar el estado del gaélico como idioma oficial de Escocia igualándolo al mismo nivel del inglés. Los planes, que aún están en periodo de desarrollo, también exigen el bilingüismo en las administraciones públicas y en la educación, donde actualmente el gaélico es una asignatura opcional. Según los datos de la Educación Primaria, sólo un total de 2.092 alumnos estaban matriculados en un nivel gaélico-medio. Hoy en día esta lengua es hablada por unas 60.000 personas en las regiones norteñas.

En el caso de Irlanda del Norte, la situación lingüística es mucho más complicada. Desde 2005, el irlandés es lengua oficial de trabajo de la Unión Europea y con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, pacto que selló la paz entre nacionalistas y unionistas, quedó reconocido oficialmente como lengua de minoría en Irlanda del Norte. Las agencias gubernamentales y los tribunales ofrecen servicios en esta lengua, que actualmente sólo enseñan las escuelas católicas.

El irlandés es utilizado de manera cotidiana por unas 75.000 personas en esta región,  donde viven 1,7 millones, aunque sigue siendo punto de fricción entre protestantes y católicos desde que comparten el poder tras las elecciones de mayo de 2007. Sin ir más lejos, este mes se ha creado un gran revuelo en Stormont después de que un anuncio que advierte a los padres de la importancia que tiene involucrarse en la educación de sus hijos fuese retransmitido íntegramente en irlandés.

ones públicas de Gales, Escocia e Irlanda del Norte son bilingües y en cuestión de educación la situación varía de un punto a otro de la isla, ya que, mientras el galés es obligatorio en los colegios de la región donde se habla esta lengua, el gaélico y el irlandés son asignaturas opcionales en Escocia e Irlanda del Norte.

La regularización de estos dialectos ha sufrido importantes modificaciones en los últimos años. El Gobierno británico apoyó en todo momento la petición de hacer del galés una «lengua co-oficial» que permita a los ministros locales hablarlo en las reuniones de Bruselas. En Gales, el inglés y el galés gozan de la misma igualdad desde la Ley de la Lengua Galesa de 1993. La norma establece que ambas lenguas tienen el mismo estatus en la Administración pública de la región. Ambas son oficiales en la nueva Asamblea Nacional, aunque cualquier tipo de publicidad o información, como por ejemplo las cartas que reciben los padres de los colegios, deben estar escritas en las dos lenguas, al igual que las señales de tráfico o los nombres de los lugares. Muchos carteles de calles y tiendas de Gales son bilingües. Aunque no se espera que los ciudadanos de otras partes de Reino Unido hablen galés, se pide el uso de esta lengua a la hora de acceder a muchos empleos.

Hoy día cerca del 20% de los escolares reciben una educación inmersa en galés mientras que en los demás centros educativos el alumnado debe estudiarlo como segunda lengua hasta los 16 años. Desde el año 1944, la Administración pública tiene responsabilidad por establecer escuelas galesas en las zonas donde el idioma haya retrocedido ante el inglés en el habla comunitaria. Según los datos de la encuesta de población más reciente, por primera vez desde principios del siglo XX el número de galés-hablantes experimentó un débil crecimiento del 19 por ciento al 21 por ciento de la población.

Los éxitos alcanzados en esta región han llevado a Escocia a seguir sus mismos pasos en un intento de impulsar el gaélico escocés, dialecto que históricamente nunca ha recibido el mismo grado de reconocimiento oficial por parte del Gobierno británico.

La medida más importante en este campo ha sido la Ley de la Lengua gaélica escocesa aprobada por unanimidad en el Parlamento escocés el 21 de abril de 2005. Las principales disposiciones de la norma están destinadas a garantizar el estado del gaélico como idioma oficial de Escocia igualándolo al mismo nivel del inglés. Los planes, que aún están en periodo de desarrollo, también exigen el bilingüismo en las administraciones públicas y en la educación, donde actualmente el gaélico es una asignatura opcional. Según los datos de la Educación Primaria, sólo un total de 2.092 alumnos estaban matriculados en un nivel gaélico-medio. Hoy en día esta lengua es hablada por unas 60.000 personas en las regiones norteñas.

En el caso de Irlanda del Norte, la situación lingüística es mucho más complicada. Desde 2005, el irlandés es lengua oficial de trabajo de la Unión Europea y con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, pacto que selló la paz entre nacionalistas y unionistas, quedó reconocido oficialmente como lengua de minoría en Irlanda del Norte. Las agencias gubernamentales y los tribunales ofrecen servicios en esta lengua, que actualmente sólo enseñan las escuelas católicas.

El irlandés es utilizado de manera cotidiana por unas 75.000 personas en esta región,  donde viven 1,7 millones, aunque sigue siendo punto de fricción entre protestantes y católicos desde que comparten el poder tras las elecciones de mayo de 2007. Sin ir más lejos, este mes se ha creado un gran revuelo en Stormont después de que un anuncio que advierte a los padres de la importancia que tiene involucrarse en la educación de sus hijos fuese retransmitido íntegramente en irlandés.

Bélgica: una torre de Babel
Bruselas- La libertad de enseñanza en Bélgica emana de la Constitución que dio origen a su independencia, en 1830, y es aplicada por las comunidades francófona, flamenca y alemana, en las que se divide este país federal, donde las administraciones  idiomáticas poseen la casi totalidad de las competencias educativas. Este principio implica la libre creación de escuelas, la libre elección de los padres y la libertad pedagógica dentro de cada institución con la condición de que respeten un umbral mínimo previsto por ley de la comunidad idiomática en cuestión. Cada organización puede fijar sus programas, evaluar y certificar a sus alumnos, definir un proyecto educativo y pedagógico y reclutar a sus profesores. La enseñanza de la lengua es muy complicada. En las tres comunidades, la lengua de aprendizaje debe ser la de la región lingüística donde se encuentra la escuela, aunque cada establecimiento puede decidir impartir desde Primaria la segunda lengua, es decir, el francés en las zonas flamenca y alemana, y neerlandés en zona francófona. En Bruselas, única zona bilingüe oficialmente, hay una enseñanza recíproca de las dos lenguas oficiales en las escuelas, aunque una de ellas como segunda opción. Eso conlleva fricciones, pues los francófonos se resisten a aprender el flamenco argumentando su falta de salida internacional y los flamencos creen que es un intento de imponerles su identidad.

División germana a la española
Madrid- En un país federal y descentralizado como Alemania, la educación no es una excepción. La Constitución alemana de 1949 concede a los dieciséis estados federados competencias exclusivas en educación escolar y enseñanza superior. Como consecuencia, cada «land» cuenta con su propio ministro de Educación y su sistema educativo. La diversidad y complejidad educativa germana dificulta sobremanera la movilidad de las familias que quieran trasladarse a otro estado federado. El programa educativo de Sarre (fronterizo con Francia), por ejemplo, tiene muy poco que ver con el imperante en Schleswig-Holstein, fronterizo con Dinamarca. Tampoco lo tienen fácil los profesores para ejercer su profesión en otro «land» debido al complejo sistema de homologaciones. Paradójicamente, es más sencillo que un docente procedente de otro país de la UE ejerza en Alemania que un colega nativo haga lo mismo en otra región de su propio país.
Consciente de estos problemas y para conseguir cierta homogeneidad, la Conferencia de Ministros de Educación, que reúne a los 1os dieciséis responsables educativos, pactó hace unos años los estándares básicos que deben cumplir todos los «länder». Según los expertos, la heterogeneidad de la enseñanza es uno de los motivos principales que explican los mediocres resultados obtenidos por los alumnos alemanes en el informe PISA.


 

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