El tirano ofrece un pacto trampa

Libia se levantaba ayer un día más con rumores sobre el paradero de Muamar Gadafi, el dictador que después de más de 40 años omnipresente en Libia está ahora desaparecido, escondido en algún lugar del país o huido alextranjero. Su portavoz, Musa Ibrahim, aseguraba a la agencia de noticias AP que el coronel está en Libia y dispuesto a negociar con los rebeldes para formar un Gobierno de unidad nacional.

Un rebelde se acomoda en uno de los sofás del avión privado de Muamar Gadafi, ayer, en Trípoli
Un rebelde se acomoda en uno de los sofás del avión privado de Muamar Gadafi, ayer, en Trípoli

Pero después de seis meses de guerra fratricida entre los pro y los anti-Gadafi, ya es demasiado tarde. El portavoz del Gobierno rebelde en Bengasi, Shams Eddin, dijo a LA RAZÓN que la oferta del régimen es «ridícula» y que «no tiene ningún sentido» en estos momentos: «Gadafi jamás ha querido negociar y nunca ha cumplido sus promesas de tregua». «Ahora que ha perdido también la capital no está en posición de negociar», añadió Eddin.
La única salida posible para los rebeldes es arrestar al coronel y juzgarlo en Libia, tal y como no se han cansado de repetir en los últimos días.

Búsqueda en Trípoli
Los dirigentes políticos y militares de Bengasi creen que el coronel se encuentra todavía en territorio nacional, probablemente en Trípoli, y que antes o después será encontrado. El CNT descarta que se esconda en Sirte, ya que los rebeldes están rodeándola y preparando el asalto a la ciudad.
El portavoz del Ejército revolucionario, Omar Ahmed Bany, confirmó ayer la toma de Ben Yawad (a unos 100 kilómetros al este de Sirte) por parte de sus hombres, que nunca habían conseguido mantener el control sobre esta localidad maldita donde, en el pasado, los gadafistas les tendieron trampas hasta en dos ocasiones. Pero las cosas han cambiado y el régimen dispone ahora de pocas armas y tropas, bombardeadas de nuevo ayer por la OTAN. Bany también explicó que los revolucionarios se preparan para liberar Sabha y Yufra, localidades del desierto en el sur hacia las que están dirigiéndose hombres y armas desde Bengasi, tal y como aseguraron fuentes rebeldes a este periódico.

Mientras, en Trípoli la situación sigue siendo desesperada para la población civil que, después de una semana de violencia, empieza a salir a la calle en busca de comida y combustible, cuya escasez ha causado cortes en el suministro de agua, que era bombeada a la capital desde el sur. Los primeros barcos con ayuda humanitaria llegaron ayer al puerto, pero la emergencia sanitaria se mantiene, sin personal ni suministros médicos en los hospitales, que incluso antes de la guerra eran insuficientes.

Shams Eddin explicó en Bengasi que las mujeres no pueden dar a luz en la capital y los centros sanitarios viven una crisis debido a la violencia reciente y a la escasez de los últimos meses. Los médicos han huido de la capital o no se atreven a volver al trabajo.

Ahora que los rebeldes han entrado en la casa de Gadafi, su bastión de Trípoli, que había permanecido fuertemente custodiado desde el comienzo de la revolución en febrero, están encontrando evidencias de los horrores que se sospechaba que cometía en la capital, como las largas listas de desaparecidos y fosas comunes. El Gobierno rebelde desveló ayer la cifra de los prisioneros políticos que estima que el régimen mantenía principalmente en Trípoli: entre 57.000 y 60.000, la mayor parte de ellos arrestados en los últimos seis meses. 11.000 de ellos han sido liberados por los rebeldes, pero el resto sigue desaparecido y se teme por su vida: podrían estar muertos o todavía vivos pero escondidos en prisiones secretas, sin comida ni agua desde que inició la batalla por la capital.