Cambios positivos efectos negativos por Amando de Miguel

El tiempo de vigencia de la Constitución de 1978 es lo que se llama Transición, se supone que hacia la democracia plena. Se extiende a lo largo de algo más de una generación. Es un lapso suficiente para que precisemos otros muchos cambios, por ejemplo, el de la vida cotidiana. Puesto que son transformaciones espontáneas de los usos, se comprende que aparezcan como deseables. Sin embargo, es un axioma sociológico que los cambios positivos tienen efectos secundarios problemáticos. La mudanza primera es la de la población. Es necesariamente lenta sujeta al ritmo de las generaciones. En efecto, la población española ha llegado a un grado mínimo de reproducción natural. Para ello la fecundidad española (nacidos por mujeres en edad reproductiva), que en 1978 era más bien alta según el estándar europeo, es ahora la mínima de toda la Historia. Menos mal que últimamente hemos acogido a inmigrantes extranjeros, un hecho insólito en la vida española. Pero al final la pirámide de edades se nos envejece inevitablemente. El aspecto positivo es que hemos conseguido que la longevidad española sea una de las más altas del mundo. Pero también es una carga para el erario y para los hogares. Otra faceta demográfica es el continuo retraso en la edad de emancipación de los jóvenes. No obedece sólo a razones económicas, puesto que se da sobre todo en la clase acomodada. Obedece más bien a un factor psicológico: se alarga la adolescencia. Un efecto ventajoso es que se refuerza la unidad familiar, pero lo negativo es que tardan en madurar. La novedad de un gran contingente de inmigrantes extranjeros ha hecho a la población autóctona más cosmopolita y tolerante. A pesar de lo cual se manifiestan también ciertos problemas de convivencia. El más lacerante es la violencia doméstica. No es mayor que en otros países europeos, pero a nosotros nos ha cogido por sorpresa. Es asimismo el caso de otra novedad: el crimen organizado. Son las consecuencias de una sociedad más heterogénea. Durante esta última generación hubo una salida masiva de las mujeres jóvenes fuera del hogar. Es lo que explica la debilísima fecundidad, la desusada prevalencia del hijo único.Es evidente el cambio que ha supuesto la generalización de la informática. Naturalmente, ha afectado positivamente a la productividad empresarial, pero no tanto como se había supuesto. Una gran parte de la inversión en cacharrería informática ha ido al entretenimiento. Esta es la primera generación española en la que casi todos los hogares son propietarios de la vivienda y del coche. Ese salto se ha dado en gran medida al crédito, lo que al final ha llevado a la llamada «burbuja inmobiliaria», esto es, impagos masivos. Una de las consecuencias de las anteriores transformaciones ha sido la creciente presencia de la «comida rápida». Es evidente su utilidad, pero también acarrea algunos problemas de salud colectiva; por ejemplo, la obesidad. El aspecto positivo es la general mejora de la alimentación y de la higiene que ha llevado a que la estatura media de los españoles haya seguido creciendo. Hace una generación era inimaginable que pudiéramos ser una potencia en el baloncesto. Parte de la mejora de la salud ha sido el lento pero sistemático descenso en el consumo de tabaco. Una vez más, aparece el contrapunto negativo, el aumento del consumo de drogas alucinógenas. Ha subido el consumo de algunos tipos de alcohol, como la ginebra, especialmente del público menor de edad. El «botellón» es una de esas nuevas instituciones que se deriva del gusto tradicional por la convivencia en la calle, a lo que se añade la mayor autonomía de los adolescentes. A pesar del gusto por vivir en la calle, los hogares españoles han sentido la necesidad de recogerse cada vez más en casa para compartir ocios con vecinos o amigos. En ello ha debido de influir el ocio masivo, que significa seguir los deportes por televisión. Otra novedad ha sido la creciente afición por seguir las tertulias de la tele o la radio. A veces, esas aficiones tienen lugar en un horario tardío, lo que nos aleja de las costumbres europeas. En otros aspectos de la vida cotidiana es notable el acercamiento a las pautas tenidas por europeas. Se señala igualmente que, a lo largo de la última generación, ha tenido lugar un acercamiento en el tenor de vida de los españoles residentes en las distintas regiones. La población rural se ha reducido a un mínimo histórico y su estilo de vida tampoco difiere mucho de los habitantes urbanos. En definitiva, ésta es otra España, que nos la han cambiado.