Match ball para Zoido

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Confieso que asistí con perplejidad al cruce parlamentario que el pasado viernes protagonizaron el consejero andaluz de Turismo y Deporte, Luciano Alonso, y el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Auténtica tierra batida con la (no) contribución de la Administración regional a la final de la Copa Davis que la capital hispalense acogerá a principios de diciembre. Se trata del tercer evento mundial en importancia deportiva y proyección televisiva y, sin embargo, la Junta, que en 2004 aportó 700.000 euros al socialista Monteseirín, ahora aduce razones de austeridad presupuestaria para no poner ni un duro. Es, desde luego, una torpeza política infinita que ya comenzó con una negativa similar a sufragar la semifinal de la Davis celebrada en Córdoba a principios de septiembre. Y claro, como en la Junta no debe de haber ningún sabio, nadie rectifica. En el PSOE municipal que dirige Juan Espadas son conscientes de la metedura de pata pero nadie parece tener la fuerza suficiente para imponer el sentido común. Alfonso Guerra está en otro mundo y José Antonio Viera no sale de la Sierra Norte mientras José Antonio Griñán, que es diputado por Córdoba, intuye que, decida lo que decida, en cualquiera de los casos ya quedará mal. Aunque nada comparable a la intervención del consejero Alonso, quien, tras embadurnarse con toneladas de ridículo chocolate del loro, llegó a poner en duda que interese a Sevilla recibir a los mejores tenistas del mundo. Si no dimite de la Consejería alguien debería cesarlo. Sea como fuere los jugadores de las selecciones de Argentina y España, antes de disputarse la ensaladera de plata, deberán aprender de la magistral jugada del combinado popular. Un revés de imposible devolución para la Junta que deja fuera de combate, por y para mucho tiempo, a los socialistas cordobeses y sevillanos. Para que luego digan que la política de gestos de Zoido no es política.