El diccionario se renueva: «friki» y «matrimonio homosexual»

El nuevo «volcado» introduce unos 1.700 términos de actualidad y con tintes polémicos. Para que una palabra se incluya en el DRAE se le hace un seguimiento durante cinco años

Madrid- ¿Les sorprendería encontrar en el diccionario la palabra «culamen»? ¿Y «canalillo»? Hasta ahora, estas acepciones no estaban registradas dentro del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), sin embargo, ya se incluyen dentro de su versión digital. «Lo vamos adaptando a la realidad social, aunque siempre con cierta prudencia», explica el secretario de la Real Academia, Darío Villanueva. «Que la palabra ‘‘canalillo'' no estuviera registrada en el diccionario era un fallo. Tiene un sentido muy preciso. Choca que no estuviera», comenta Gregorio Salvador, también de la RAE. En este último «volcado», como denominan en la RAE a la introducción de nuevos términos dentro de la versión on-line del Diccionario, se añaden 1.697 modificaciones. En total, desde la edición en papel de 2001, se han agregado «unas 22.000 novedades» en internet, añade Villanueva.

«Gayumbo», «bloguero», «chatear», «clitoriano», «acojonamiento», «espanglish»... Son términos que se usan habitualmente en el lenguaje coloquial pero que, hasta ayer, la norma lingüística no había incluido. «Pepero» o «sociata» parecen palabras fuera del rigor académico, pero el diccionario digital las recoge. «La Academia tiene que incluirlo todo y si es un término despectivo se explica en su definición. Tanto ‘‘pepero'' como ‘‘sociata'' se usan ampliamente en las conversaciones», insiste Salvador.

La generalización del uso de numerosas palabras en Latinoamérica, España y Filipinas es un indicativo claro de la evolución del lenguaje, pero no son las únicas pautas que siguen los académicos para determinar si una palabra debe introducirse dentro de la regla. «Nos organizamos en varios grupos. Analizamos documentos legales, artículos periodísticos, cartas y otros soportes. Hemos creado una gran base de datos con la que trabajamos para incluir o descartar usos, pero siempre adoptamos una postura prudente porque algunos entran con mucha fuerza y luego se desinflan», explican desde la Real Academia. «Para eso existe el Diccionario histórico, para recoger términos que quedan en desuso pero que forman parte de nuestra historia», añade Darío Villanueva.

En 2005, el Ejecutivo socialista introdujo, a través de una nueva norma, el «matrimonio homosexual» para legalizar la unión entre personas del mismo sexo. Pero, al igual que la decisión legislativa generó una polémica tras de sí, la decisión de introducir este término en la versión digital del diccionario no se ha quedado atrás. «Cuando se planteó la nueva norma, nos preguntaron sobre su uso y, aunque etimológicamente se refiere al cuidado u oficio de la madre, se aceptó el término. Su introducción la teníamos preparada desde hace un año», confirma Villanueva.

Al igual que se introducen nuevos vocablos, los académicos también determinan qué terminos eliminar por estar en desuso. «El idioma está cambiando. De la misma manera que añadimos nuevas palabras, también retiramos las que no circulan en la sociedad», añaden desde la RAE. A este respecto, Fernando Vilches, profesor de Lengua española de la Universidad Rey Juan Carlos, lo tiene claro: «La lengua está viva. No le pertenece ni a los intelectuales, ni a los académicos, por eso debe apostar por los neologismos». Ni los expertos en el lenguaje ni los que enseñan a usarlo conocen el motivo del triunfo de unos términos en lugar de otros. «De repente, sin saber por qué, un término adquiere una presencia. Las palabras funcionan porque la sociedad les da un recorrido, pero no todas las palabras tienen cabida en el diccionario», insiste Vilches. El experto da algunos ejemplos: «Si vas a un banco, te dirán que te van a ‘‘aperturar'' una nueva cuenta. O si enciendes el ordenador, en ocasiones aparece el término ‘‘inicializando''. Aunque las dos palabras estén generalizadas, el Diccionario no las recogerá». De acuerdo con los expertos, en el desarrollo del idioma, el testimonio escrito es lo más importante a la hora de incluir o no un nuevo término. De ahí que la Prensa juegue un papel primordial: «Los periodistas colaboran en esta labor. Esta profesión es una de las que más usos introduce», sostiene Vilches.

Al margen de los términos tecnológicos, la economía también ha copado gran parte de las nuevas modificaciones. La crisis ha obligado a ello. «En la versión impresa que saldrá en otoño de 2014 se incluye la temida prima de riesgo», asegura Villanueva.
 
«DENIGRANTE», DEFINICIÓN DE «MANGA»
Otro término controvertido y con el que discrepan algunas asociaciones es la definición de «manga», que dice así: «Género de cómic japonés, de dibujos sencillos, en el que predominan los argumentos eróticos, violentos y fantásticos». Carles Santamaria, director del Salón del Manga de Barcelona y del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, la calificó de «errónea en el concepto y denigrante en la caracterización» y reclama una comisión de expertos que aporte una definición objetiva y clarificante sin coste alguno. Asimismo, considera que reducir su temática a la «erótica, violenta y fantástica» supone dar «una visión manipuladora y distorsionadora que muestra desconocimiento o mala intención en la redacción». Igualmente, ve «vergonzoso» que hable de «dibujos sencillos» cuando «si algo caracteriza al cómic japonés es la gran diversidad de estilos gráficos de una gran calidad y originalidad».