Bachar Al Asad se queda sin cartas

El ataque de ayer contra un convoy de autobuses turcos que regresaban de La Meca por las Fuerzas de Seguridad sirias ha sido la gota que ha colmado la paciencia de Ankara. Dos pasajeros turcos y un conductor resultaron heridos en el tiroteo, cerca de la ciudad de Homs. El Gobierno turco ha sido uno de los más críticos con el régimen de Bachar Al Asad y no ha dudado en imponer sanciones.

El presidente sirio, Bachar Al Asad, se reunió ayer en Damasco con un grupo de intelectuales y periodistas en el palacio presidencial
El presidente sirio, Bachar Al Asad, se reunió ayer en Damasco con un grupo de intelectuales y periodistas en el palacio presidencial

ISLAMABAD- Desde Estambul, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, elevó ayer el tono y dio a entender que su ex amigo árabe tiene los días contados. «Permanecer en el poder mediante tanques y cañones se puede hasta cierto punto», advirtió Erdogan.

Sitiado por todos los frentes, la supervivencia del régimen sirio está más que nunca en entredicho. Desde el exterior se da casi por seguro su desmantelamiento y se preguntan por el cómo y el cuándo. El «príncipe» de la dinastía Asad, por el momento, ha dado muestras de estar dispuesto a morir peleando antes que abandonar el poder.

Tras el último fracaso diplomático, la Liga Árabe continúa su presión para que el mandatario acepte antes del jueves su plan de paz sin modificaciones o, de lo contrario, el organismo impondrá sanciones a Siria e incluso podría llevar el asunto al Consejo de Seguridad de la ONU.
Cada vez son más las voces internacionales que se suman al llamamiento de la Liga Árabe al cese inmediato de los ataques contra civiles, la retirada de los carros de combate de las calles, la liberación de los presos políticos y la aceptación de observadores.

Temor a una guerra civil
En el terreno interno, crece cada día el número de soldados disidentes que se han unido a la oposición, elevando la posibilidad de una guerra civil en Siria. Aunque Asad pretenda minimizar «el peligro real» del denominado ejército libre sirio, los militares rebeldes se han convertido en una amenaza al régimen.

La semana pasada se produjeron deserciones entre los militares en la ciudad de Alepo, uno de los bastiones del clan de los Asad. Asimismo, se han unido a los militares desertores varios grupos de soldados disidentes en Idlib, Deir Al Zour, Homs y Daraa.

En la última semana, se produjeron enfrentamientos entre los disidentes y las Fuerzas de Seguridad en diferentes áreas de Homs y sus alrededores, «causando la muerte de un gran número de sicarios del régimen y miembros de las Fuerzas de Seguridad», explicó a LA RAZÓN Hamza El Abdulla, del grupo Media Centre of Syrian Revolution. El domingo, un batallón del ejército rebelde atacó un control militar en la carretera entre Daraa y Damasco, y entre 25 y 30 miembros de fuerzas leales a Asad murieron en la emboscada.

No obstante, el avance opositor no es una noticia muy alentadora. La proliferación de los choques armados hace más plausible el trágico escenario de una guerra fratricida con implicaciones internacionales. La reverberación del conflicto sirio a Oriente Medio sería un escenario de pesadilla. Tanto es así que un sector de la oposición siria rechaza la lucha armada contra la dictadura y aboga por una manifestación pacífica. Los generales rebeldes defienden el uso de la fuerza ante un régimen bunkerizado que no duda en sacar los tanques a la calle para acallar a los manifestantes. Asimismo, se debe tener en cuenta que el cada vez más poderoso ejército sirio libre está formado por militares desertores suníes, muy influenciados por las ideas islamistas conservadoras.