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El extraño caso de la bebida con gas

El director del festival, Paco Ignacio Taibo, confiesa un talento especial para captar el misterio de las burbujas, sólo comparable al que ha tenido durante veintitrés años para llevar en un tren al norte del país lo mejor de la novela policíaca

  • El extraño caso de la bebida con gas
Gijón.

Tiempo de lectura 8 min.

11 de julio de 2010. 00:11h

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Gijón. 11/7/2010

La Pepsi tiene sus secretos y, por lo visto, no sabe igual la Pepsi de un bar de Alicante que, por ejemplo, la que uno pueda pedir en un local de San Diego. Al menos eso sostiene Paco Ignacio Taibo II. El director de la Semana Negra de Gijón reveló en el tren negro su portentoso talento para averiguar cuándo y dónde ha sido envasado un refresco con apenas un sorbo. «Si es de lata, tiene menos gas que en botella. En Madrid, además, son menos dulces». Durante veintitrés años se ha dedicado a sacar adelante esta cita anual con el crimen y misterio. Sabe de sobra, y sin que nadie se lo venga a contar, que «los libros cada vez interesan menos a los festivales, más preocupados por la gloria y las borracheras que porque los títulos sean accesibles». Pero su preocupación en esta edición es de diferente calado: «Las modas y best seller están creando delirios en la literatura. La industria está constantemente pendiente de descubrir el libro del año. Incluso se dice que se refuercen los personajes femeninos porque el 52 por ciento de los lectores son mujeres».

El escritor Carlos Salem, que subió al tren negro preguntando por el vagón de fumadores, ha puesto a trabajar a Don Juan Carlos en su última novela, «Pero sigo siendo el rey» (Salto de página). Él aporta la realidad de los escritores. «El rollo de que Carmen Balcells te retire para que escribas ya no existe. Si quieres comprarte el castillo de los Rolling Stones, te has equivocado de oficio. Tienes que conformarte con la postal. Como máximo se tiene un sueldo como el de los demás, pero, al menos haces lo que te gusta. Hoy los escritores viven como los freelance. Muchos jóvenes autores desconocen que solamente percibes el 10 por ciento de cada libro que vendes y que los adelantos son, en muchas ocasiones, una trampa».

Claude Mespléde es francés y un especialista del género: «La novela negra nace de la mentira». Luego apunta unos límites para que nadie se confunda: «En la novela negra siempre existe una crítica social y el culpable no es castigado siempre. Puede escapar.
Tampoco es bueno o malo. Su presencia es ambigüa. En la policíaca, sin embargo, el asesino es desenmascarado y condenado. Viene a decirnos, duerme tranquilo, la poli está aquí para protegerte. La negra surge en los años veinte como denuncia de la corrupción de los políticos y los agentes gubernamentales. Fue una época de gángsters y de inmigrantes. Fue cuando se descubrió que el sueño americano era falso».

El triunfo de los zombies

Pero los protagonistas que se adueñaron de la primera jornada del festival fueron la ciencia ficción y la literatura fantástica. David Wellington es norteamericano y se ha convertido en un autor de culto con la trilogía: «Zombi Island», «Zombi Nation» y «Zombi Planet», todas en Timun Mas. «Hoy los monstruos parecen hechos para poner su foto en las carpetas más que para asustarnos. Son muy diferentes a los monstruos con los que yo crecí». Para Wellington, el auge de la literatura zombi es lógica: «Es el monstruo de la crisis. Pertenece al siglo XXI.
Los demás vienen con el lastre que han arrastrado de siglos anteriores. Después del 11-S vivimos en un mundo en el que todos tenemos miedo de los vecinos». Ian Watson, el autor que escribió la historia en la que Steven Spielberg se basó para rodar «Inteligencia artificial», apostilla: «Por eso nos damos a conocer todos en facebook. Es el culto a la vigilancia de unos a otros».

Los dos autores representan tendencias distintas. Watson es el veterano y Wellington, que trabaja en la biblioteca de las Naciones Unidas de Nueva York, el joven escritor americano al que ya ha sonreído el éxito. «En mi época éramos muy pocos escritores. Después surgieron más y más. Ha sido un sueño modificado por la realidad», dice Watson, autor de «La trilogía de la guerra de la inquisición». Para él, la evolución de la ciencia ficción sobrevino con J.R. R. Tolkien y su «Señor de los anillos», que llenó el mercado de imitadores. «La literatura de fantasía desplazó a la ciencia ficción. El proceso es como el de las drogas. El LSD es la ciencia ficción que abre la mente. Luego se pasó a la marihuana, que es la literatura fantástica, y después a la heroína, que son los vampiros y los zombis». Para Wellington, sin embargo, hay un punto de vista histórico: «Han cambiado los detalles, pero el hombre siempre ha hablado de vampiros, hombres lobo y no muertos. Y dentro de 500 años se continuarán contando historias así». Ian Watson lo mira desconfianza y sólo se atreve a preconizar un hecho: «El futuro no se puede predecir. Existe la la nanotecnología y quizá se llegue a la inmortalidad del cuerpo».

¿Puede un escritor de ciencia ficción prevenir el futuro?
Larry Niven explica cómo los autores de ciencia ficción ayudan a prevenir amenazas en EEUU, que no es un país sesentayochista, pero sabe que la política sin imaginación no es política, sino burocracia. Por eso, ha descargado en escritores con talento ese género la insólita responsabilidad de prevenir las amenazas que en el futuro pueden asolar a sus ciudades.  Niven es uno de ellos. Un hombre de aspecto despreocupado que habla sin énfasis de una ocupación tan importante. En España ha publicado «Mundo anillo», saga que le procuró cientos de lectores. EE UU también han reconocido el valor de su genio literario y le han puesto en contacto con el confuso mundo de los intereses políticos, que, a veces, tiene bastante de ciencia ficción.

-Trabaja con el gobierno de EEUU.

-No soy el único escritor. Nos llamamos Sigma y trabajamos para él. Intentamos predecir cuándo y cómo pueden sobrevenir amenazas y cómo prevenirlas.
-¿Cómo empezó todo?
-En los 80 nos reunimos en mi casa unas 50 personas. La mitad, novelistas, la otra, científicos implicados en programas espaciales. Había un abogado. Fue allí donde surgió la idea de «la guerra de las galaxias», un proyecto de defensa que, al final, no se realizó porque era caro. Pero Reagan lo mencionaba en sus discursos. Quien organizó esos encuentros fue Jerry Pournelle, trabajó conmigo en varios libros. A él se le ocurrió estas colaboraciones.
-¿Qué anticipó la ciencia ficción?
-Hemos intentado describir diferentes objetos. Por ejemplo, los móviles actuales se parecen mucho a los aparatos que usaban para comunicarse en «Star Trek». La realidad ha tomado ideas de la ciencia-ficción. Pero eso es posible porque las personas que escribieron esos guiones tenían imaginación.
-¿Y qué ha predicho usted?
-La venta ilegal de órganos. Escribí  sobre ese asunto antes de que se convirtiera en una realidad. Y advertí de que el Gobierno de EE UU tendría que regular con leyes este problema. Y que los criminales se podían convertir en potenciales donantes de órganos. El Estado de Florida es ideal para lo que digo. Existe un alto grado de criminalidad y la pena de muerte. Pero el único  problema que ven es el de la climatización de los edificios...
-¿Qué se atreve a prededir ahora?
-Que nos quedaremos sin recursos. Agotaremos el petróleo y llegaremos a intercambiar alimentos por gasolina, porque la comida pronto será tan valiosa como la energía.
-¿No tiene miedo de sus ideas?
-(risas). Sí, algunas veces me asusto de mi imaginación.

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