El aparatoso silencio de la Alianza de Civilizaciones

La inquietud por la magnitud de las revueltas populares en el mundo árabe y el devenir de la guerra civil en Libia ha provocado una cascada de reacciones internacionales y anuncios de sanciones unilaterales y multilaterales que contrasta con el silencio de la Alianza de Civilizaciones (AdC).

Rodríguez Zapatero en el II Foro de la Alianza en Estambul en 2009
Rodríguez Zapatero en el II Foro de la Alianza en Estambul en 2009

LA RAZÓN se puso en contacto el viernes con el Ministerio de Exteriores para obtener una declaración de la embajadora de la AdC en España, María Victoria González Román, –en funciones desde 2008– sobre la creciente inestabilidad del Norte de África y Oriente Medio, habida cuenta de que la mayoría de los países protagonistas del levantamiento están adscritos a este organismo multinacional.

Egipto, Túnez, Argelia, Marruecos, Jordania, Baréin, Yemen o Siria integran el denominado «Grupo de Amigos», que cuenta con un total de 125 miembros, entre países y organizaciones internacionales. Sin embargo, la embajadora en misión especial de la AdC no tiene previsto realizar ninguna declaración sobre la crisis ni tampoco trabaja en un programa de acción concreto.

«Una reflexión pausada»

Exteriores consideró en la conversación con este periódico que «la intensidad de los acontecimientos merece una reflexión más pausada de la Alianza a posteriori». La AdC que responde a un deseo personal del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y que encontró acomodo en la estructura burocrática de Naciones Unidas en 2005 vuelve a caracterizarse por un bajo perfil internacional y pierde una oportunidad para presentarse como una auténtica plataforma de diálogo entre culturas.

El inmovilismo político de la Alianza de Civilizaciones en sus seis años de andadura se contradice con la tendencia gubernamental a reforzar su organigrama. El mismo viernes 26 de febrero el Consejo de Ministros aprobó dos acuerdos para la creación del Instituto Universitario de la Alianza de Civilizaciones, que tendrá como sede el antiguo Hospital de Sant Pau en Barcelona y cuyo proyecto se estima que cueste un total de 20 millones de euros. Esta partida se suma a los casi cuatro millones de euros (3,75) que el Ejecutivo socialista lleva gastados desde 2005 y el fondo de 1,5 millones reservados para el presente ejercicio.