El acceso al mercado laboral: si investigo no cotizo

Jóvenes científicos y opositores llegan a los 30 años sin haber contribuido a la Seguridad Social

David Veiga. (30 años) Opositor a habilitados estatales.  Este gallego lleva opositando desde 2005 en Galicia y Andalucía. Teme que tantos años de estudio no le reporten beneficios con vistas a conseguir un trabajo. «Es la pescadilla que se muerde la cola
David Veiga. (30 años) Opositor a habilitados estatales. Este gallego lleva opositando desde 2005 en Galicia y Andalucía. Teme que tantos años de estudio no le reporten beneficios con vistas a conseguir un trabajo. «Es la pescadilla que se muerde la cola

MADRID- «Ahora mismo estamos en un limbo: ni te examinas, ni sabes lo que vas a tener», dice David Veiga. Ésa es la sensación de un joven de 30 años que se ha dedicado a formarse, y mucho, pero que no consigue trabajo. David ha apostado fuerte por las oposiciones. Ahora mismo estudia para una plaza de habilitados estatales en un ayuntamiento gallego. «Acabé la carrera con 23 años y, desde enero de 2005, empecé a opositar», relata. Cuenta con un problema: cada comunidad autónoma sólo convoca exámenes cuando hay plazas. Como en Galicia no convocaban, hace tres años se presentó a los exámenes anunciados por la Junta de Andalucía. Pero no tuvo suerte. «Las convocaron también en Castilla y León, pero no puede "meterme"todo ese temario. Me volvería loco». Y hasta que se anuncia una convocatoria, «picotea» en otras oposiciones. Pero no hay tantas: «No hay dinero», asegura. «En tres años no ha habido nada», añade.


Opositores profesionales
A pesar de que estamos ante el reverso de los «ni-nis», que ni estudian ni trabajan, jóvenes como David no necesariamente obtienen recompensa. ¿El resultado? Una vida laboral maltrecha, marcada por la ausencia de cotización. «En mi especialidad puedo solicitar la jubilación a los 70 años, porque así se estableció en el cuerpo al que oposito», dice. Pero, mientras tanto, sólo hay incertidumbre.

Su caso no es excepcional. Muchos jóvenes se convierten en opositores «profesionales» con años de formación a sus espaldas. Sin embargo, llega una edad en la que tienes que pensar tanto en tu presente como en tu futuro. «A día de hoy estoy centrado y volcado en aprobar», afirma José Machuca, de 29 años, que en mes y medio se presentará a las oposiciones para Registros. Por su cabeza no pasa la idea del suspenso, a pesar de que el pasado verano no le sonrió la fortuna.

«Estuve a punto de aprobar», dice. Sin embargo, también es inevitable ponerse en lo peor: «¿Qué pasa si no apruebo? Evidentemente, me preocupa cómo está el mercado laboral y la reciente reforma de las pensiones», confiesa José, que todavía no ha podido ejercer la Abogacía. Eso sí, «estos años los tomo como un sacrificio y una inversión que hago para el futuro».

Con todo, la situación puede llegar a ser «muy frustrante», como reconoce David. «Ahora estoy mandando mi currículum para un trabajo a media jornada, porque si no, me puedo morir del asco», asegura. El saber no ocupa lugar, y todos los conocimientos adquiridos no caen en saco roto. Pero David no se engaña. «La formación que he tenido está muy bien, pero el derecho administrativo, constitucional y financiero no interesan a los que leen tu currículum», añade.

Tras el acuerdo alcanzado entre Gobierno y sindicatos sobre la reforma de las pensiones, la edad legal de jubilación se retrasará hasta los 67 años, pero con excepciones. Las personas que hayan cotizado al menos 38 años y medio podrán poner fin a su carrera con 65. Eso sí, el resto de trabajadores tendrán que cotizar 37 años para retirarse a los 67 y mantener la pensión íntegra. Está previsto que el periodo de implantación de la nueva edad de jubilación arranque en 2013 y se extienda, paulatinamente, hasta 2028.

Estas nuevas medidas adoptadas por el ejecutivo van a repercutir drásticamente en estos jóvenes. El hecho de que no hayan cotizado hasta llegar a la treintena va a cargar con un lastre en su pensión futura, pues en muchos casos deberán trabajar hasta los 70 años para poder cobrar íntegramente su retribución. Ahora bien, ¿qué ocurre con los jóvenes que, una vez licenciados, sólo cuentan con la posibilidad de saltar de beca en beca? El caso de María Ángeles Abengózar, de 30 años, es diferente al de David. María Ángeles sí ha podido ejercer su profesión, pero no como le gustaría. Y es que hablamos de un colectivo especialmente castigado en lo que se refiere a un futuro estable: los investigadores.

«He trabajado durante cinco años desde que terminé la carrera. Sin embargo, cuando me mandaron mi vida laboral, sólo había cotizado un año y seis meses», asegura esta joven licenciada en Bioquímica. ¿Y cuáles son sus perspectivas de futuro? «Lo veo complicado. No te permiten estar fija en un sitio. Cada dos años tienes que ponerte a buscar. Estás siempre en vilo», afirma María Ángeles, que aunque ahora mismo está en paro, espera obtener una beca en el Centro de Investigaciones Biológicas.

María Ángeles no peca de pesimista. Si hablamos con colegas de profesión más veteranos, los augurios son menos halagüeños. Es el caso de María del Mar González Barroso, bióloga de 43 años. Su trayectoria sólo puede ser calificada como brillante: tras acabar la carrera, pasó dos años en Italia elaborando la tesina; después, realizó su doctorado, de cuatro años, en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); posteriormente, hizo su postdoctotado en Francia durante siete años gracias a una beca; y, lo que es más importante, obtuvo la prestigiosa beca Ramón y Cajal. Ahora, casada, con hijos y un currículum impresionante, se ha dado cuenta de que no tiene nada asegurado.

«Todo es incertidumbre. Hasta los cuarenta y tantos años vives de becas que se te acaban. En Ciencia, la estabilidad sólo te la da una plaza de investigador. Y éso sólo lo consigues con un currículum», dice María del Mar, que pese al esfuerzo invertido, contabiliza hasta siete años sin cotizar. Su siguiente paso es pedir otra de las becas más afamadas: la Juan de la Cierva. Sin embargo, se convocan a principios de año, y hasta diciembre no se incorporaría. «Pierdes un año sin hacer nada. Al final, te preguntas si merece la pena», confiesa.


Estables a los 45 años
La situación de los jóvenes investigadores ha provocado una importante movilización del colectivo. Así nació la Federación de Jóvenes Investigadores FJI-Precarios. Su portavoz, Vicente Claramonte, resume la situación del actual Plan I+D+i. «Pongamos que acabas la carrera con 25 o 26 años. Terminas el doctorado a los 30 años. Obtienes una beca a los 31. Pasas dos años en el extranjero. Solicitas ayudas intermedias. Pides la beca Juan de la Cierva, que dura tres años. Cuando terminas, solicitas la beca Ramón y Cajal...». Y eso suponiendo que no pierdes ningún año: «Puedes acabar una beca en febrero y que se haya convocado justo otra en enero. Es altamente improbable que, tras terminar una, puedas pedir otra. Lo normal es que pierdas unos diez meses», afirma. A lo que hay que añadir que «a un doctor no se le puede becar, porque su formación está terminada». ¿Conclusión? «Un investigador no se establece, como pronto, hasta los 40 años. Por ejemplo, «las becas Ramón y Cajal no se otorgan hasta antes de los 40, aunque hay casos de becados a los 45». Becas como la Ramón y Cajal y Juan de la Cierva sí que cotizan, pero no te aseguran la estabilidad. «Después, te pueden quedar 15 años de vida laboral útil», añade.

FJI-Precarios pusieron varias enmiendas a la Ley de Ciencia que se aprobará este año. Sin embargo, «en el último anteproyecto que teníamos entre manos habían desaparecido». La ministra de Ciencia, Cristina Garmendia, e incluso el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, aseguraron que el sistema de becas se iba a acabar. «Ojalá, pero somos suspicaces», sostiene Claramonte. Lo que no es alentador es el dato difundido por la Confederación de Sociedades Científicas de España: la inversión en I+D+i ha caído un 7,38%. ¿El gran riesgo? La pérdida de nuestras mentes más brillantes.


Mª Ángeles Abengózar (30años)
Licenciada en Bioquímicas. Desde que acabó la carrera, y sumando becas, ha trabajado durante cinco años. Sin embargo, confiesa que, durante este tiempo, sólo ha cotizado durante año y medio.


David Veiga. (30 años)
Opositor a habilitados estatales. Este gallego lleva opositando desde 2005 en Galicia y Andalucía. Teme que tantos años de estudio no le reporten beneficios con vistas a conseguir un trabajo. «Es la pescadilla que se muerde la cola», afirma.