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Uña y carne

Tiempo de lectura 2 min.

11 de agosto de 2011. 23:24h

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12/8/2011

Sólo un alma cándida puede escandalizarse de que Bildu y sus cabestros sigan adelante con su plan antiespañol y anticonstitucional cuando la Policía y la Guardia Civil han certificado que dan cumplimiento a un proyecto terrorista, que es ir dos pasos más allá, o tres. Lo escandaloso es que la democracia tenga como único mecanismo de defensa declaraciones políticas de repudio, que evidencian patéticamente la indefensión de un Estado de derecho inoperante y pazguato. Y hay razones de peso para lanzarse judicialmente a por Bildu, morales y legales. Con la ocurrencia de Vitoria, los filoetarras nos sitúan ante una gran paradoja: muestran un gran celo por el presunto maltrato animal mientras desprecian la tortura y el asesinato de ciudadanos libres; pero además atacan las subvenciones públicas que reciben los supuestos maltratadores mientras ellos se llenan los bolsillos actuando como voceros de una organización criminal. La justificación del abolicionismo taurino, se ve, les retrata como auténticos becerros del hacha y la serpiente. Con la escenificación totalitaria de Leitza, los delegados de Troitiño y Ternera aterrizan en otro plano y nos recuerdan, para nuestra vergüenza, que si los demócratas titubeamos y nos dividimos para honrar a nuestros mártires, a los enemigos de España jamás les tiembla el pulso para homenajear a quienes más daño le han hecho a esta nación semidesmoronada. En definitiva, los destrozos que estos miserables están haciendo al sistema de libertades es tal que lo último que necesitamos para repararlo es que socialistas y nacionalistas pidan sosiego frente a una mera «serpiente de verano». Bildu y ETA son uña y carne. Quienes no deseen su achatarramiento, por favor, que no estorben a los que honrada y patrióticamente trabajan para alcanzarlo.
 

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