La Academia muerde la manzana

«Blancanieves», de Pablo Berger, seleccionada para representar a España en los Oscar

Seis enanos toreros, una Maribel Verdú –que está entre Bette Davis y Joan Crawford– como madrastra y una fábula universal traspasada por esa iconología española que va de las plazas de toros a las mantillas. «Si los Estados Unidos recurren a los "western"y los franceses a la Torre Eiffel, ¿por qué nosotros no hacemos lo mismo y utilizamos la imaginería de la Semana Santa, las vírgenes y los toros?», se pregunta Pablo Berger. Su «Blancanieves» se ha impuesto a «El artista y la modelo», de Fernando Trueba y «Grupo 7», de Alberto Rodríguez en la carrera hacia los Oscar. Nunca el cine mudo ha dado tanto de hablar. Las críticas se quedaron sin palabras con «The Artist» y sucederá lo mismo con esta nueva cinta «vintage», revival de aquella cinematografía de principios del siglo XX.

Un viaje en el tiempo, hacia los orígenes mágicos del cine con sus «Mabuse», Nosferatus», «Doctor Caligari» y sus «Lulú/Louise Brooks», pero con el aprendizaje narrativo que ha incorporado el cine desde esos años. «Todo el cine se inventó en los 20. A partir del sonoro fuimos hacia atrás. Es imagen en movimiento y el espectador se queda hiptnotizado por las imágenes. Con un filme mudo necesita estar un poco más atento. No hay diálogo para seguir la historia. Por esa razón, al final, esta experiencia es más satisfactoria. A más esfuerzo, mayor la recompensa», comenta un Berger emocionado, exultante, con una voz impregnada de energía a pesar de las mil entrevistas concedidas. «Los grandes momentos del cine –continúa– no son dialogados. Son los que han estado en silencio, como ese Chaplin andando por la carretera vacía, al final de una película, que, en el fondo significa el comienzo de otra». Comenta que «cuando escribo un guión y releo una secuencia, si puedo quitar el diálogo y sustituirlo por un gesto, lo hago». Entre nervios reconoce que le gustaría «ser más hipnotizador que director» y, también de la intención de esta cinta gótica y terrorífica: «Existe una vocación de españolinzar el mito universal de "Blancanieves"». Y ahí está ese legado popular de la España Negra de Solana, la pintura de Zuloaga, el esperpento de Valle, el genio y el talento de Goya y de Buñuel, y la inspiración de la fotografía de Cristina García Rodero. Todo lo que nos caracteriza, lo que han dejado los siglos y la tradición, pero tratado con modernidad, arte, y dos mujeres (Verdú y Cuesta) más raciales que las modelos de Romero de Torres.