La lucha por recuperar «lo de siempre»

Detrás de la inauguración del nuevo Mercado de Torrijos está la lucha de 58 comerciantes por recuperar sus puestos en el mercado que levantaron sus abuelos.

José Manuel Moreno, propietario de una de las seis fruterías, daba ayer los últimos retoques a su puesto
José Manuel Moreno, propietario de una de las seis fruterías, daba ayer los últimos retoques a su puesto

Entre los ahora propietarios de su propio negocio hay terceras y cuartas generaciones de los carniceros y charcuteros que en plena II República quisieron ofrecer a los vecinos del barrio de Salamanca centro de abastecimiento de alimentos de primera calidad.

A finales de los 90, el mercado se quedó obsoleto. Sus dos plantas, antes repletas de comercios, resintieron el «boom» de los grandes supermercados y superficies comerciales. El Ayuntamiento de Madrid, propietario del centro inició entonces las gestiones para venderlo. Sin embargo, la operación urbanística no se materializó hasta 2005, cuando se vendió el terreno a una inmobiliaria por 45,6 millones. El trato consistía en que se construirían más de un centenar de viviendas, dos plantas de parking y el mercado, con otros dos pisos de superficie. Un año después los comerciantes abandonaron el edificio y seis meses después las excavadoras derribaron el mítico mercado de los años 30.

Pero la remodelación, que en un principio iba a durar dos años, sufrió las consecuencias de la crisis. A los comerciantes se les reservó su derecho a obtener un puesto del mismo tamaño o superior en el nuevo Torrijos. La mayoría de ellos buscó un espacio temporal para montar su negocio durante dos años. Algunos se asociaron y alquilaron locales por la zona y otros se fueron al aeropuerto y a centros comerciales de nueva construcción.

A los retrasos típicos de cualquier obra, se unió la crisis y el descontento de los comerciantes cuando se les «entregó» el mercado. Según el presidente de la sociedad de comerciantes que ahora gestiona el mercado, Ángel Gómez, «las obras no se acabaron bien». Los comerciantes se unieron y con mucha ilusión, trabajo y financiación por parte del Banco Etcheverría (hoy cuenta con una sede en el propio mercado) finalizaron las obras del centro y diseñaron cada uno de los 52 puestos tradicionales y diez locales de restauración.

Con parte de aquellos problemas en los juzgados, ayer, a sólo unas horas de la inauguración, todos «sacaban brillo» a sus productos. El propio presidente del mercado preparaba los canapés que dará a los clientes que hoy se acerquen a la carnicería, que heredó de su abuelo. «No queríamos que se convirtiera en un mercado de productos de lujo. Hemos luchado para que vuelva a ser el de siempre y ahora sólo nos queda recuperar a los clientes de toda la vida», explican con orgullo y precaución. «Ahora ya sólo queda trabajar», aseguran.