Palomares 45 años después

Los vecinos de la pedanía almeriense reclaman una solución a un problema enquistado desde hace medio siglo.

07 - marzo - 1966 Manuel Fraga se baña en la playa para acallar rumores

Palomares (Almería)- «El cielo se llenó de fuego, escuchábamos explosiones pero no sabíamos realmente de dónde procedían, parecía que se estaba celebrando una fiesta de pólvora». Cuarenta y cinco años después del incidente de Palomares, uno de sus vecinos, Pascual González Soler, agricultor de profesión, relata a LA RAZÓN cómo se vivió desde el municipio almeriense el accidente ocurrido el 17 de enero de 1966, en el que se vieron implicados un bombardero estratégico y un avión de reaprovisionamiento en vuelo, este último cargado con 110.000 litros de combustible, que colisionaron a 30.000 pies sobre la costa mediterránea. El choque provocó la desintegración de ambos aviones que cayeron en llamas entre la tierra y el mar de Palomares. Asimismo, siete tripulantes resultaron muertos y cuatro lograron saltar en paracaídas, pero por suerte a los ciudadanos de Palomares no les ocurrió nada.

El bombardero B-52, también conocido como «fortaleza volante», transportaba cuatro bombas termonucleares, dos de las cuales quedaron intactas, una en tierra y otra en el mar, mientras que las dos restantes cayeron cerca de Palomares provocando explosiones que esparcieron entre veinte y treinta kilogramos de plutonio altamente radiactivo. En las operaciones de recuperación y retirada del material atómico, que duraron más de ochenta días, se recogieron 4.818 bidones con 1.400 toneladas de tierra, tomateras incluidas. Sin embargo, se calcula que un quince por ciento del plutonio, unos tres kilos en estado natural, quedó esparcido en las cercanías municipio.


Dos días de trabajo
Una comisión de científicos estadounidenses evaluará hoy, junto a un grupo de españoles del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), el subsuelo de la pedanía de Cuevas de Almanzora, que actualmente cuenta con tres zonas valladas: una a las afueras, donde la mayor parte del terreno, entre unas seis o siete hectáreas, pertenece al término municipal de Vera (ciudad colindante); otra más cercana al pueblo de Palomares, con aproximadamente tres hectáreas delimitadas, y una última en Sierra Magrera. Una visita que durará dos días y con la que se intentará dar una alternativa concreta a la limpieza de las tierras contaminadas tras el incesante trabajo llevado a cabo por el alcalde del municipio, Jesús Caicedo, quien declaró ayer a este periódico que «se debe limpiar Palomares para este asunto quede zanjado». El primer edil de Cuevas del Almanzora también subrayó que hoy lanzará una pregunta desde el Senado a la ministra de Asuntos Exteriores para que dé a conocer el Plan de Acción por parte del Gobierno.

Cabe hacer hincapié en que los vecinos de Palomares realizan con normalidad las actividades de su vida cotidiana como cualquier otro pueblo español. De hecho, los cultivos de sandía o de tomate, entre otros muchos, son conocidos a nivel europeo por su gran calidad. En este sentido, el agricultor Pascual Soler González, apunta que «seguimos trabajando sin ningún problema en las mismas tierras en las que lo hacíamos cuando ocurrió el incidente. Es cierto que en un primer momento hubo algunas limitaciones por la incertidumbre de lo que pudiera ocurrir, pero más tarde se aclararon y se limpiaron la mayor parte de los terrenos».

Por su parte, Manuel González, hijo del alcalde en aquella época, comenta que cuando ocurrió el accidente acudió a Palomares personal militar de Alcantarilla (Murcia), así como de Torrejón de Ardoz (Madrid), porque en un primer momento «pensaron en trasladarnos a Alicante en el caso de que la contaminación hubiese afectado gravemente al pueblo, pero finalmente comprobaron que los residuos estaban a la vista y que podían retirar la mayor parte sin problemas». Gónzález, conocido por los vecinos como Manolo Balchilla, explica que tras la colisión de los aviones, «corrí rápidamente hasta el colegio donde trabajaba mi esposa, porque uno de los trozos iba en esa dirección, pero por suerte cayó más lejos. En ese momento, vi que uno de los pilotos estaba volando en paracaídas sobre mi cabeza, así que cogí el coche y fui en su busca. Finalmente lo encontré con tan sólo un rasguño en la ceja, que le sangraba levemente».

Los cueveros han estado pasando controles médicos de forma aleatoria, en los que en ningún caso se ha establecido relación entre lo sucedido en 1966 con alguna enfermedad. González Soler añade que «a mí no me han detectado nada aunque sí que conozco casos en los que se han diagnosticado problemas con el azúcar o el colesterol, pero igual que le puede pasar a cualquier ciudadano de otro municipio». Manuel González, por su lado, resalta que «me han realizado revisiones médicas en tres ocasiones y en todas ellas los resultados han sido negativos».

A pesar del tiempo transcurrido, Palomares sigue siendo una asignatura pendiente para el Gobierno. El año pasado se reactivaron las conversaciones bilaterales con EE UU para alcanzar una solución. El Ejecutivo español pretende que sea la Administración Obama la que retire la tierra contaminada y la traslade a Estados Unidos. En la Península no hay ningún almacén donde enterrar el plutonio, que para que se desintegre al 50 por ciento deben de pasar 24.000 años.


4.818 bidones de tierra contaminada
- EE UU retiró 1.400 toneladas de tierra y tomateras contaminadas por plutonio
3.000 gramos radiactivos
- Dos de las bombas se activaron y un 15 por ciento del plutonio quedó esparcido por el municipio



Incidente nuclear en la costa de Almería
16 - enero - 1966
Dos aviones de EE UU con cuatro bombas atómicas abordo colisionan en el aire en la costa de Palomares
Un bombardero B-52 con cuatro bombas atómicas a bordo, procedente de Turquía con destino Carolina del Norte, colisionó en el aire con un avión cisterna durante una maniobra de repostaje frente a las costas almerienses. Siete tripulantes perdieron la vida y cuatro saltaron en paracaídas. El incidente liberó en la zona tres kilos de plutonio.
07 - marzo - 1966
Manuel Fraga se baña en la playa para acallar rumores
El ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, se dio un baño en la playa para silenciar los rumores sobre contaminación. De las cuatro bombas, tres cayeron en tierra y una en el mar. Para recuperar esta última, EE UU utilizó 34 buques y cuatro minisubmarinos. La intensa búsqueda concluyó 80 días después, con la localización del artefacto a 869 metros de profundidad, a cinco millas de la costa.