Las vías de hecho

La Razón
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Las vías de hecho son actuaciones públicas colectivas que, en la actualidad, se han convertido en un poder nuevo absolutamente contrario a las bases de un estado social de derecho, cuya máxima expresión es la Ley y especialmente su cumplimiento. Hoy en día, y sobre todo en España, se están convirtiendo en un modo normal que tiene alguna parte de la ciudadanía de protestar por lo que consideran situaciones injustas. Lo que caracteriza a las vías de hecho es su impredecibilidad, no sólo en su producción, sino en sus consecuencias. Esto las debe hacer temibles para quienes tienen sobre sí la responsabilidad y la autoridad de mantener el orden establecido. Los tumultos de toda clase, los motines, las sentadas, las ocupaciones de locales, los encierros, las retenciones de personas, las concentraciones callejeras, las actuaciones destructivas contra la propiedad privada o pública cada vez son más comunes, y lo peor es que se pueden convertir en algo normal. En toda vía de hecho hay dos notas características, la violencia intrínseca y la privación de derechos al resto de los ciudadanos, y por ello se convierten en una anomalía que niega la esencia de la democracia y la libertad. Suponen siempre un reto al poder establecido, algo así como poner de manifiesto que están por encima del mismo y que lo pueden conseguir todo, jactándose de ello en cuanto se puede. Otra de sus notas es que no tienen límite, ni temporal ni fáctico, cada vez irán a más, cada día que permanezca una situación ilegal e injusta se estará legitimando la misma, y dará más ánimos a sus responsables para persistir en su actitud y generar más violencia. Cada vez que se imposibilite el cumplimento de la Ley, por más que se recubra de un sentimiento solidario, se estará debilitando el Estado de Derecho, y con ello la propia democracia. El sistema se basa en la voluntad de la mayoría y en el cumplimento de las leyes que sus representantes aprueban, y la legitimidad de los gobernantes deviene de su representatividad, algo que hoy por hoy no tiene sustitutivo; no cabe duda de que se puede mejorar el sistema e introducir más instrumentos de participación directa de los ciudadanos en los asuntos públicos sin tener que esperar a las diferentes elecciones, pero siempre conforme a los cauces y medios instituidos por la propia Ley. Las vías de hecho están proscritas en nuestro ordenamiento jurídico, y las leyes prevén sanciones ante su uso éstas deben ser aplicadas con templanza, responsabilidad y prudencia, pero, a la postre, deben ser aplicadas. Si permitimos que la mismas se conviertan en un fenómeno estable, so pretexto de que intentan evitar lo que se consideran consecuencias injustas de la Ley, no habrá límites y todos podremos acudir a ellas cuando nos convenga, y ello genera un Estado fallido, donde la voluntad mayoritaria será sustituida por la del más fuerte o la del más manipulador, y eso ya sabemos en qué tipo de estados suele acabar: «No me gusta ese banco, exprópiese». Lo peor está por llegar y pronto lo veremos si no se actúa con eficacia, con prudencia pero también con contundencia. Todos conocemos las terribles consecuencias de la crisis económica y cómo está afectando, sobre todo, a las economías más modestas. Es dramático que una familia pierda su vivienda como consecuencia de una situación de paro laboral, pero la solución no es el incumplimiento de la Ley, la solución es la solidaridad, la ayuda pública o privada, pero nunca la violencia. La concentración de violencia e intimidación durante mucho tiempo, suele legitimar los procesos de insurrección y, sin ánimo de ser tremendista, lo peor es que esta violencia no sólo no sea evitada, sino que algunos responsables las legitimen, y las vean con simpatía. Al final, ¿quién va decidir qué fin es el que justifica la violencia? No queda ni un minuto para la frivolidad, todos los esfuerzos tienen que estar dirigidos a terminar con los factores que han provocado estas vías de hecho, pero sin justificarlas, sin considerarlas positivas, porque su triunfo animará a más ciudadanos a ejercerlas, y todo aquello por lo que mucha gente ha sacrificado su vida se disipará en un momento.