Cospedal logra una dirección sin ministros y comparte poder con Arenas

Sáenz de Santamaría interviene para apoyar la continuidad de González Pons

Sevilla– Mariano Rajoy deja el partido con más cargos autonómicos y locales de la historia de la democracia en manos de dos personas. Al menos por ahora, ya que un posible aterrizaje de Javier Arenas en la presidencia de Andalucía podría hacer saltar por los aires este esquema. Sin ninguna duda, la secretaria general, María Dolores de Cospedal, ha ganado todas las batallas políticas que ha librado ante este congreso y se queda con una especie de nuevo ministerio de menor rango. Sigue como «número dos»; no tiene un coordinador general por debajo que rebajaría el alcance de su autoridad y, además, la convertiría en una especie de secretaria honorífica; y consigue que no haya ministros en la nueva dirección. El partido por su lado; y el Gobierno, por otro, a diferencia de la etapa de Aznar, en la que uno y otro eran tanto lo mismo y compartían los «pesos pesados».

Para los próximos tres años, al menos hasta el próximo congreso nacional, Rajoy ha diseñado un partido funcional, de estructura práctica y en el que cada «soldado» tiene una responsabilidad ejecutiva en el día a día. Ha hecho, además, un comité exactamente a su medida. En el reparto de ganadores y perdedores, Cospedal sale victoriosa y hay hasta quienes dicen que se queda en el centro de la pista ante una futura crisis de Gobiernor, así lo dan por hecho en Moncloa, para tomar oxígeno cuando la legislatura avance, y avance también el desgaste por la gestión económica.

Pero al mismo tiempo, al lado de Cospedal, el presidente del PP andaluz recibe los instrumentos para hacer de contrapeso: sigue como vicesecretario de Política Territorial y además salva su cuota de representación. Los suyos no son tan «pata negra» como lo eran en la etapa de Ana Mato o de Juan Manuel Moreno, pero sigue teniéndolos.

Como ayer adelantó este periódico, ese partido de gobierno uniformado, que se ha exhibido sin complejos en este cónclave sevillano, se sustentará en Cospedal, y sus otros costaleros serán Arenas, González Pons, que cambia la vicesecretaria de Comunicación por la de Estudios y Programas, y Carlos Floriano, que de las bambalinas de Génova salta a la poderosa Vicesecretaría de Organización. Floriano es un «ahijado» de Arenas, a quien apoyó en su proyección en la presidencia del PP extremeño y a quien también ayudó a llegar a Génova cuando los resultados electorales no acababan de sonreír al partido en esa comunidad. Por tanto, en clave interna, a Floriano se le coloca en el equipo de Arenas, sin ser, por supuesto, tan de su cuerda como lo es la hoy ministra Mato. Hasta este congreso ella ejercía las tareas de Organización, un puesto muy importante en todo lo que afecta a las listas y al reparto de poder. Ha dado la batalla por seguir vinculada al partido, pero la ha perdido. La excepción con ella obligaba a hacerla con más ministros y eso alteraba el proyecto de Rajoy para su formación.

En este juego de poderes, a González Pons también se le apunta hoy en el lado del político andaluz. Cuentan que Cospedal incluso amagó con prescindir de él y que de su parte se colocaron Sáenz de Santamaría y Arenas. No hay que pasar por alto que Sáenz de Santamaría –el eje alrededor del que se mueve la galaxia del Gobierno de Rajoy– y Arenas tienen una relación muy estrecha.

En los segundos niveles destaca la incorporación como secretario ejecutivo (figura que se generaliza frente a la de los coordinadores de área) de Manuel Cobo, el ex vicealcalde y «mano derecha» de Alberto Ruiz-Gallardón. El líder del PP y Cobo tienen una estrecha relación personal, directa, que va más allá del elemento común de Gallardón.

Reparto territorial
En las nuevas secretarías ejecutivas también hay un reparto de poder territorial. A Arenas lo representa Juan José Matarí (en Política Autonómica); y a Cospedal, Vicente Tirado, secretario general del PP de Castilla-La Mancha (en Electoral). La de Relaciones Internacionales es para un diplomático cercano a Jorge Moragas (director del Gabinete de la Presidencia). Los ministros se quedan en el Gobierno, porque el Gobierno es lo que, inevitablemente, manda. Pero para reforzar la conexión entre partido y Ejecutivo entran varios secretarios de Estado en áreas sectoriales. Cospedal coloca en Sanidad y Asuntos Sociales a José Ignacio Echaniz, su consejero en esta materia y al que compensa así el sacrificio del «marrón» de cartera que le tocó en suerte.

Otra incorporación relevante es la de Alicia Sánchez-Camacho como presidenta del Comité Electoral Nacional. Rajoy le da relevancia en Madrid en un puesto que no es incompatible con sus ocupaciones en Cataluña. Fuentes próximas a Rajoy apuntaban anoche que en esta nueva etapa quizá no haya «maitines», órgano más flexible al que sí podría invitar a otros dirigentes sin cargo orgánico, es decir, a algún ministro, como en la anterior etapa hizo con el entonces alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón.