De Laurentiis qué grande era el cine

Fue uno de los más grandes productores del siglo pasado. Triunfó en Italia al financiar a los directores del neorrealismo, pero también hizo negocio, y millonario, en Hollywood. Ayer murió Dino de Laurentiis en EE UU a los 91 años. Se marcha el mejor cine de su país

Su mujer, Silvana Mangano, protagonizó «Arroz amargo», uno de sus grandes títulos
Su mujer, Silvana Mangano, protagonizó «Arroz amargo», uno de sus grandes títulos

Echar un vistazo a la lista de películas producidas por Dino de Laurentiis da vértigo. Uno acaba perdiendo la cuenta y fiándose a medias de lo que él mismo decía: aseguraba que eran más de 600. La cifra se va a quedar ahí, sin sumar nuevos títulos. De Laurentiis, uno de los productores más importantes del cine durante la segunda mitad del siglo XX, murió ayer en su casa de Los Ángeles a los 91 años. Estaba rodeado de su familia, que no informó de la causa del deceso. La carrera de este hombre iniciada con los trabajos más humildes de la industria cinematográfica prueba la genialidad que, en muchas ocasiones, demuestran tener los hijos de Italia. Como Giuseppe Garibaldi, De Laurentiis podía presumir de ser «héroe de dos mundos», ya que sus triunfos fueron a ambos lados del Atlántico.

Decorar restaurantes
En Italia, primero, destacó como uno de los padres del neorrealismo –el período más brillante y creativo del cine transalpino– junto con Roberto Rossellini y Vittorio de Sica. Luego emigró a Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los grandes de Hollywood y triunfó con muchas de sus producciones. De su primera etapa destacan títulos como «Arroz amargo», «La strada» y «Las noches de Cabiria», entre sus cintas de culto, aunque también son reseñables otras películas más populares, como varias del genial cómico Totò o «Un americano en Roma», cuyo fotograma con Alberto Sordi comiendo macarrones decora hoy la pared de miles de restaurantes en todo el mundo. De su período estadounidense son memorables algunas superproducciones: «Guerra y paz», «King Kong» o «Conan El Bárbaro»... entre una multitud de títulos. Su última cinta significativa fue «Hannibal». En sus más de seis décadas de carrera ha ligado su nombre a gigantes de la dirección como el citado Rossellini, Federico Fellini, David Lynch y Sydney Pollack.

Al contrario que lo que pregonaba Groucho Marx, Dino de Laurentiis partió de la nada y no alcanzó las más altas cimas de la miseria, sino la riqueza y la celebridad del éxito. Nació en un pueblo cercano a Nápoles en 1919 en una familia humilde. Su padre, que le bautizó con el nombre de Agostino, se dedicaba a vender pasta, un trabajo que también le esperaba a él si no se hubiera cruzado por la calle en Roma con un cartel que pedía aspirantes a actores. Se presentó a la prueba y actuó en alguna película, pero tuvo la inteligencia de darse cuenta de que nunca brillaría a ese lado de la cámara, así que decidió pasar a la zona oscura. A partir de ahí desempeñó todo tipo de trabajos en el cine hasta que su olfato para los negocios le llevó hasta la producción. Como productor le fue muy bien: consiguió que los éxitos de taquilla y crítica superaran con creces a los fracasos, que también hubo alguno. Llegó incluso a construir sus propios estudios, llamados Dinocittà, con los que intentó hacer sombra a Cinecittà, pero el proyecto era demasiado grande y no pudo digerirlo. El bache le animó a seguir el camino realizado por tantos de sus compatriotas italianos y probar suerte en Estados Unidos. Con De Laurentiis se trataba más de un caso de fuga de cerebros que de emigración. Gracias a su extraordinario currículum y a sus contactos Hollywood le abrió de par en par sus puertas.

Loren, «muy dolida»
En sus sesenta años de cine, De Laurentiis ha acumulado gran cantidad de premios. Dos de sus películas, «La strada» y "Las noches de Cabiria", lograron el Oscar como mejor cinta extranjera, un galardón que obtuvo él mismo en 2001 como reconocimiento a su carrera. En aquella ocasión afirmó que «el cine es una droga y una fatiga», pero que seguía «exaltándose» con cada película «como si fuera la primera». También recibió numerosos reconocimientos, como el León de Oro por su carrera, en Italia, donde ayer su muerte se sintió como propia pese a que hacía cuarenta años que vivía en Estados Unidos. La gran musa del celuloide italiano, Sofia Loren, afirmó estar «muy dolida» por su fallecimiento. Sus compañeros de trabajo aseguran que con De Laurentiis muere el último gran productor del cine.


Una saga cinematográfica
En 1949, el productor se casó con la actriz Silvana Mangano, que encarnaba el prototipo de sex symbol italiana. De aquel matrimonio, que acabó por disolverse en 1983, nacieron tres hijas y un hijo. Un año después de la muerte de su ex esposa, en 1989, se unió a la también productora Martha Schumacher con la que tuvo otras dos niñas.Su hija Raffaella De Laurentiis, fruto del primer matrimonio, es también productora en Hollywood.