Interferencia en el Gobierno

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Una vez que los socialistas han decidido agotar la Legislatura y desoír a la ciudadanía, que expresó de forma abrumadora su voluntad de cambio político en el país, y que el dedazo socialista ha señalado a Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato en las elecciones generales de 2012, el Gobierno y el PSOE deben aclarar cómo piensan transitar por estos meses que restan de Legislatura y que se antojan fundamentales para el futuro del país. Las prioridades del Ejecutivo son conocidas y abarcan una serie de vitales decisiones económicas que no pueden demorarse más, a expensas de que las autoridades comunitarias nos encarguen nuevos ajustes. Esa misión no admite distracciones y exige una dedicación plena a la responsabilidad de gobierno en coyunturas tan adversas. Es una razón de peso, incontestable a nuestro juicio, para que Alfredo Pérez Rubalcaba abandone el Gobierno cuanto antes. Más allá de la valoración que nos merezca su labor, con sus aciertos y sus errores, la lógica política e institucional es aplastante en su caso. Las urgencias del vicepresidente en su partido, como líder in péctore, son incompatibles con sus exigentes competencias en la Administración. No hablamos de un departamento menor, sino de un auténtico presidente en la sombra y del máximo responsable de la política antiterrorista y de seguridad, que requieren una atención plena 24 horas al día. Las aspiraciones partidistas de Pérez Rubalcaba son legítimas, y serán los españoles quienes deban dirimir en las urnas si su proyecto les convence o no, pero entendemos que su tarea como candidato no puede interferir en la del Gobierno, como lo hará con seguridad si no se marcha. El interés de los españoles está muy por encima del de los partidos políticos. Su salida del Consejo de Ministros es un criterio además compartido por más de un barón socialista. El extremeño Guillermo Fernández Vara ha considerado que sería «lógico» que lo hiciera «en un plazo razonable», cinco o seis meses antes de las elecciones generales. Nosotros pensamos que ese periodo tiene que ser mucho menor, porque no existen motivos para posponer la decisión y porque se prolongaría una provisionalidad inconveniente. En los próximos meses al candidato Pérez Rubalcaba le aguarda un esfuerzo ingente en un partido en mínimos históricos. De momento, la conferencia política del PSOE y la elaboración del programa electoral son retos marcados en rojo en su agenda. Nadie puede defender con un mínimo de sensatez que la reconstrucción socialista pueda compatibilizarse con la lucha contra la banda terrorista ETA, las mafias y la delincuencia común, el tráfico, la portavocía del gabinete o la coordinación de los ministros. Pérez Rubalcaba es un político experto y con una considerable capacidad de esfuerzo, pero, de momento, no tiene el don de la ubicuidad. España necesita otro Gobierno y los españoles así se han manifestado en las urnas. Los socialistas pueden demostrar que al menos en este caso no supeditan el bien común al propio.