Eurocopa

El desaire por Julián García Candau

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Raúl ha sido un jugador extraordinario y en el Madrid protagonizó grandes victorias. Durante un tiempo, cuando más se le necesitaba, acudía al rescate. Hubo también etapas en que perdió efectividad y brillantez porque quiso convertirse en el futbolista que no era. Independientemente de sus momentos grises, como madridista merece toda clase de respetos. No fue Di Stéfano, Puskas, ni Gento, pongamos por caso, pero en la historia del club debe estar en la orla de ídolos.

Como internacional también tuvo gran protagonismo. Fue goleador aunque no tanto como sus más fervientes defensores quisieron hacer ver porque su porcentaje, inferior al de Villa, por ejemplo, no era para escribir tantas páginas afirmando tal primacía. De la Selección desapareció el día en que Luis Aragonés decidió apostar por otra clase de futbolistas y éstos llevaron a la conquista de la Eurocopa y el Mundial. En ninguna de ambas competiciones se le echó en falta. Sus más adictos no han solido recordar, como se hace con los errores de otros, que marró un penalti contra Francia en la Eurocopa de Holanda y Bélgica y la Selección fue eliminada.

Quizá Aragonés estuvo duro cuando, para defenderse, preguntó aquello de cuántos títulos había ganado Raúl. Tras éste llegaron los días de gloria y de ellos nada le debe la Selección. Fue una bofetada que no acudiera al homenaje a los españoles con más de cien internacionalidades. Su postura no fue elegante. Desairó a la Federación y también a Zubizarreta, Casillas y Xavi.
Posdata. A «La Roja» la ponen colorada en los amistosos. No más bolos, por favor.