El televoto castigó a Pastora

Con su «Quédate conmigo», Pastora Soler no sólo convenció a los más de ocho millones de españoles que la noche del 24 de mayo siguieron su impecable actuación en el festival de Eurovisión. También conquistó al jurado de expertos del continente que con sus votaciones –154 puntos– la encumbraron hasta un quinto puesto, lo que se habría traducido en el mejor resultado de nuestro país en el añejo festival en los últimos veinte años. ¿El problema? La media aritmética que, país por país, se realiza entre el veredicto de los profesionales de la música y el televoto de los espectadores llevó a la artista sevillana hasta el décimo puesto. Es más, si el resultado final hubiera dependido únicamente del veredicto de las llamadas telefónicas y los mensajes de texto, la representante española se tendría que haber conformado con un 18º puesto y sólo 45 puntos.

El respaldo del jurado es el reflejo de la acogida que recibió la española en Bakú, donde, en la jornada previa al festival, la Prensa acreditada al certamen la encumbró en sus apuestas. De ahí que las expectativas en la noche de la gran final fueran máximas. ¿No logró convencer entonces a los espectadores? Según denuncian desde hace años los «eurofans» y expertos en el certamen, el sistema de televoto no sería un fiel reflejo de los gustos del público europeo, sino que más bien mostraría el llamado voto geopolítico –o lo que es lo mismo, esa tendencia a apoyar al país vecino–. Es más, en diferentes foros de internet se ha denunciado que Azerbaiyán, país anfitrión que ganó Eurovisión en 2011, llevaría varios años contratando a diferentes empresas para que votaran por su canción a través del televoto en países pequeños como Chipre o Malta y así lograr una puntuación notable que compensara el criterio del jurado.

Castigo a Francia
Polémicas sobre un posible sufragio fraudulento al margen, no sólo España sufrió en su piel las diferencias de criterios entre el jurado profesional y el voto popular. La artista francesa Anggun también gustó al jurado, que le regaló 85 puntos situándola en el puesto 13. Sin embargo, no obtuvo ni un solo voto del público –habría sido última– lo que le hizo descender hasta el cuarto puesto por la cola, un hecho que ha llevado a la televisión pública gala a expresar una queja ante lo ocurrido. En la situación opuesta se encuentran las populares abuelas rusas , que lograron que la votación popular les diera una medalla de plata en el festival, mientras que el jurado les dio la espalda y la situó fuera del ansiado «top ten».

En cualquier caso, lo cierto es que la proyección internacional de Pastora es una realidad. Un ejemplo: en las últimas semanas ha logrado colarse entre las cuatro mejores canciones de la lista de éxitos de la principal radiofórmula de Finlandia. De ahí que su compañía discográfica, Warner, haya dado un paso al frente al apostar por una versión en inglés del tema eurovisivo bajo el título «Stay with me».

 

Más que una victoria
Al margen de los votos por «amiguismo» de los que disfrutan algunos países, en los últimos años, el ganador de Eurovisión cuenta con el respaldo unánime de jurado y televoto. El caso de la sueca Loreen –vencedora de esta edición– va más allá, pues si ya llegó a Bakú siendo número uno en los países nórdicos, tras su victoria ha sido líder de ventas en iTunes y se ha colado en las listas de otros países, como en Los 40 Principales, donde los anteriores ganadores del festival no habrían logrado eco alguno.