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Cuentas provisionales

Tiempo de lectura 4 min.

19 de octubre de 2010. 21:55h

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20/10/2010

De poco sirve el debate de los Presupuestos, que se tiene por el más importante del año, si ya todo está decidido y atado de antemano. Una vez que el presidente del Gobierno se garantizó la mayoría suficiente para aprobar las cuentas de 2011 a cambio de concederles a los nacionalistas vascos nada menos que una veintena de competencias, el pleno del Congreso de ayer discurrió por el carril del trámite obligado, sin posibilidad de mejorar la propuesta. No obstante, siempre hay algún resquicio por el que se cuela la sorpresa. Y la de ayer fue que la ministra de Economía ya está pensando en un «Plan B» por si sus previsiones no se ajustan a la realidad, que es lo que se temen casi todos los organismos supervisores, desde el Banco de España hasta el FMI, pasando por la OCDE. Que la vicepresidenta Salgado ponga todo el énfasis en cumplir el objetivo del déficit es loable y demuestra que sigue al pie de la letra las recomendaciones de Alemania, Francia y Estados Unidos. No está de más, por tanto, que el Gobierno se muestre flexible ante la evolución de los acontecimientos. La principal carencia de estos Presupuestos es otra. Al fiar el cuadrante a un crecimiento del PIB del 1,3%, la más leve revisión a la baja hará saltar el resto de las previsiones. A la vista está que son unas cuentas forzadas por la presión internacional, resignadas, elaboradas sin convicción y orientadas únicamente a prolongar un año más la vida política del Gobierno. En suma, son unos Presupuestos de pura supervivencia, de ahí que para su aprobación los socialistas hayan vaciado la caja común en beneficio de nacionalistas y regionalistas. Lo censurable no es que el PSOE haya pactado con el PNV y Coalición Canaria, pues forma parte de la lógica parlamentaria y de la acción de gobernar. Pero sí es irresponsable que se haya hecho sin mejorar en una sola coma el proyecto de Presupuestos. El objeto de la negociación no fue perfeccionar unas cuentas públicas que son manifiestamente mejorables, sino definir y cuantificar la rebatiña de PNV y CC. Con este planteamiento tan burdo e irrespetuoso, el Gobierno ha sacrificado el interés general al suyo particular de seguir un ejercicio más en el poder.  Los efectos colaterales están a la vista de todos: ruptura de la coalición gobernante en Canarias y humillación del lendakari socialista, Patxi López. De los dos episodios, el más relevante políticamente es el maltrato que ha sufrido el Ejecutivo de Vitoria, que  ha quedado reducido a mera comparsa de Madrid. El daño causado a la imagen, al prestigio y a la moral de los socialistas vascos, que durante 30 años han penado en la oposición y el estigma, es de proporciones pavorosas. El mensaje que ha llegado a los electores vascos, que en mayo próximo deben renovar los ayuntamientos, es que el PNV es el verdadero interlocutor fuerte ante Madrid y el único capaz de sacar mejoras, mientras que el Partido Socialista de Euskadi no es más que una sumisa sucursal que está a lo que ordenen Ferraz y La Moncloa. No se merece tal humillación un lendakari que ha demostrado que el País Vasco puede progresar y ser más libre con el PNV en la oposición.
 

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