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Mas lleva su desafío soberanista a las urnas el 25-N

 

  • Mas, esta tarde, durante su intervención en el Parlamento catalán
    Mas, esta tarde, durante su intervención en el Parlamento catalán
  • Mas, en el Parlament catalán esta tarde, donde ha anunciado el adelante electoral
    Mas, en el Parlament catalán esta tarde, donde ha anunciado el adelante electoral
  • Mas, esta tarde, durante su intervención en el Parlamento catalán
    Mas, esta tarde, durante su intervención en el Parlamento catalán
  • Mas anuncia elecciones anticipadas en Cataluña el próximo 25 de noviembre
    Mas anuncia elecciones anticipadas en Cataluña el próximo 25 de noviembre
Barcelona.

Tiempo de lectura 5 min.

25 de septiembre de 2012. 14:45h

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Barcelona. 25/9/2012

Barcelona- Sus colaboradores lo habían avisado: «El discurso del presidente de la Generalitat no dejará a nadie indiferente». Y así fue. Al minuto de haber inaugurado, con su intervención, el debate de política general, Artur Mas anunció que convocará elecciones para el próximo 25 de noviembre. Era el colofón de un relato épico que Mas empezó a escribir cuando se le ocurrió proclamar que haría suyo el clamor de la marcha independentista de la Diada. En la tribuna de invitados, repleta, Jordi Pujol esbozaba una sonrisa y el presidente del PSC, Pere Navarro, confirmaba sus peores augurios: el avance electoral coge a los socialistas desarmados. Fuera del hemiciclo, los jefes de prensa de los partidos de la oposición hacían números, la campaña electoral empezará el 9 de noviembre, 19 días después de los comicios vascos y gallegos.

En el atril, Mas explicaba ya como candidato «in pectore» el porqué de esta decisión, que convierte su legislatura en la más corta de la historia, 21 meses. Aunque esgrimió cuatro argumentos, básicamente son dos las razones que le han empujado a llevar su desafío independentista a las urnas: el fracaso del pacto fiscal –el proyecto estrella(do) de su mandato– y la multitudinaria marcha soberanista del 11 de septiembre –que Mas y su equipo se encargaron de alentar–. Eso sin mentar la imposibilidad de sacar adelante los presupuestos.

El president defendió que la «voz del pueblo» se ha de trasladar a las urnas. Retó, tanto a los que se manifestaron bajo el lema de «Cataluña, próximo Estado de Europa», como a los que no, a expresar con su voto si están de acuerdo con el clamor soberanista de la marcha. Mas avanzó que si en 2010 se presentó a las elecciones con el proyecto del pacto fiscal, ahora lo hará con la intención de encarar un proceso de autodeterminación. Quiere liderar esta «nueva etapa» ganándose la legitimidad en las urnas.

Tras su intento fallido de sacar adelante el pacto fiscal, el siguiente paso de Mas en su proyecto de transición nacional será convocar un referéndum soberanista, pese a que la Constitución no se lo permite. Para refrendar su decisión alegó el tan manido «hartazgo» de Cataluña con España. Mas lamentó que el pacto fiscal se haya visto fuera de Cataluña como un problema y no como una solución. Y auguró que el tiempo demostrará que tanto el PSOE como el PP han actuado con una gran «miopía» política. Insistió en que no pedía más dinero como ha querido hacer creer algunos, tan solo un cambio de estatus que pasaba por salir del régimen común de la Lofca –el famoso «café para todos»– y conceder a Cataluña la gestión de sus impuestos –la llave de la caja– .

Desveló que Rajoy le propuso llevar el pacto fiscal al Congreso pero, tras la experiencia del Estatut, rechazó volver a pasar por «un vía crucis» y «una nueva humillación». El presidente catalán avisó de que ahora «no hablará el Congreso. Lo hará el pueblo catalán». Y lo hará en las urnas. La bancada de CiU, entregada a la idea de convertir a Mas en el mesías del soberanismo, estalló en un aplauso.

Pese a las advertencias del Gobierno a intervenir en caso de que Cataluña convoque unas elecciones plebiscitarias, Mas se presenta como estandarte del soberanismo catalán. Con el compromiso de encarar un proceso de autodeterminación. «No es tiempo de comodidad institucional. El pueblo ha de decidir quién debe guiar este proceso y con qué fuerza», proclamó, en un intento de convencer al personal de que ni reclama la gloria personal ni es una decisión partidista. Para muestra, aseguró que «cuando Cataluña alcance sus objetivos nacionales y el pueblo catalán haya decidido, no me volveré a presentar a unas elecciones». «Espero que estos objetivos se logren esta legislatura y no la próxima», añadió. Aunque la coletilla pretendía dar carácter de trascendencia histórica a la cita, en las últimas elecciones Mas avisó ya de que estaría un máximo de tres legislaturas mandando.

El fracaso del paro

También aprovechó para tratar de demostrar la viabilidad de la Cataluña independiente, con unos argumentos que prometen repetirse durante la campaña. «Si Cataluña fuera un estado, se encontraría entre los 50 países más exportadores del mundo», subrayó. Mas sacó pecho por la buena evolución de las ventas al extranjero y de un dato al que dio enorme importancia: «Las exportaciones catalanas han superado las ventas catalanas al resto del Estado». De esta manera, trató de disminuir la importancia del mercado español para una economía catalana  muy dependiente de ese mercado. Para que no le recriminaran que su propuesta de autodeterminación es una cortina de humo para tapar su gestión, pasó de puntillas sobre el principal fracaso de su legislatura: el paro. Aunque ha aumentado (los parados son 622.882 y hace un año eran 584.648), se sacudió la responsabilidad: «No está en nuestras manos».

 

Los agujeros negros de Mas; por M. Pardeiro
Sin presupuestos. Después de 21 meses, Artur Mas ha liquidado la legislatura. Lo hace después de haber perdido casi todas las posibilidades de consensuar los próximos presupuestos debido a su programa nacionalista de máximos. Ni PP ni PSC se ofrecían como socios.

Referendos.  Mas tiene ahora como próximo objetivo celebrar un referéndum para ejercer el derecho de autodeterminación de Cataluña. Los experimentos soberanistas no hacen prever un éxito. La consulta por la independencia que se hizo en Barcelona, por ejemplo, registró una participación del 18 por ciento.

Independencia, el enigma.  CiU se niega a usar el término «independencia» para referirse a sus aspiraciones soberanistas. Lo hace para no ahuyentar a más electores de la cuenta y se refugia en otros conceptos. Lo más seguro es que tampoco la incluya en su programa electoral.

Nacionalismo y austeridad. Artur Mas presumió ayer de haber recortado de los presupuestos «todo lo prescindible», pero en verdad ha mantenido partidas millonarias en «embajadas» (1,1 millones), acción exterior (25,5 millones) publicaciones (8,1 millones), promoción y certámenes (22,2 millones) y publicidad (31,1 millones).
 

 

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