Leña al mono de las autonomías por Pedro Alberto Cruz Sánchez

La Razón
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Me sigo quedando estupefacto con la mediocridad, estulticia y malediciencia de los discursos que se permiten algunos comentaristas. El más que notable éxito del Consejo de Política Fiscal y Financiera celebrado el pasado jueves, el cual dio luz verde a un reajuste en los presupuestos autonómicos de más de 18.000 millones de euros, se tradujo de inmediato en una serie de desatinados comentarios que, lejos de valorar el esfuerzo realizado, vinieron a profundizar en la criminalización salvaje que de los gobiernos autonómicos se viene operando por parte de las voces más demagógicas de este país. La conclusión a la que han llegado dichos opinadores ha sido la siguiente: cuando a las autonomías se les aprieta, cumplen; lo cual es una evidencia incontrovertible de que antes han despilfarrado y son, por tanto, unos pésimos gestores.

Lo que se les olvida a estas sensibilidades ensimismadas en su centralismo perseverante es que alcanzar unos recortes como los expresados en los planes de reequilibrio de las diferentes comunidades autónomas no ha supuesto hacer lo mismo con menos, sino, desgraciadamente, dejar de hacer. Si descendieran al detalle y comprobaran la dimensión del sacrificio realizado, comprobarían cómo hay muchos departamentos que se han quedado prácticamente a cero, que la llamada «redimensión de la administración pública» ha consistido, en rigor, en finiquitar todo aquello que no es sanidad, educación y políticas sociales, y que, en consecuencia, el problema –el auténtico problema tantas veces denunciado aquí- es que los gobiernos regionales han tenido que reducir su campo de gestión a una serie de competencias no hace mucho detentadas por el Estado. Parece mentira que, después de cuatro años dedicándose a hablar exclusivamente de la crisis y de las posibles causas y consecuencias asociadas íntimamente a ella, todavía una parte considerable de la opinosfera patria siga incurriendo en majaderías tan mayúsculas a la hora de emitir valoraciones. En realidad, lo que late bajo sus palabras es un odio hacia la idea de estado autonómico, cuyo origen nunca sabremos si se basa en desagravios personales, en un odio incorregible hacia todo lo que desborde el estricto ámbito de la capital, o en una necesidad enfermiza de concentrar al máximo posible los culpables, y que la mierda no salpique demasiado, no fuera que…

 

Pedro Alberto Cruz Sánchez
Consejero de Cultura y Turismo