Ámame Alfredo

La Razón
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Creo que hubiera sido más atinado que los militantes socialistas, esos que han aclamado con su dedo a Rubalcaba para que, por favor, les lidere, hubieran parodiado la ópera «La Traviata» y le hubieran cantado a coro esta bella aria. Porque, queridos amigos, este hombre ha demostrado su sensibilidad: quiere que lo quieran, que lo tuteen y que lo mimen, porque le ha costado mucho llegar hasta donde está y ha sudado lo suyo para ganarle unas primarias al… fantasma del Louvre. Qué hermosa lección de democracia interna: Carme, o te retiras o te fundimos: así se hace, no como ese tal Aznar cuyo dedazo individual ensombreció el futuro del PP con un tal Rajoy, el hombre tranquilo, a quien dicen que me parezco físicamente (nadie es perfecto). Un hombre que rezuma futuro por todos sus poros, cuya única conspiración ha sido contra ETA, contra ésa y contra aquélla, porque, en mi ignorancia, tengo la sensación de que este hombre ha conspirado hasta contra sí mismo.
Con un pasado cuando menos oscuro; con un presente corresponsable de la situación precaria de la economía española; y, como el Invictus (¡vae victis!), quiere para España lo mismo que Zapatero (pero con matices), ya que ha sido su mentor y sostén. Pero estoy dispuesto a descubrir en Rubalcaba a Alfredo («el que fue nombrado a dedo», en feliz pareado de mi admirado Juan Carlos Aparicio), que sabe lo que necesita España, pero se lo lleva callando cuatro años. ¿No se asustan ustedes de lo que nos espera este año? Yo, como decía aquella pegatina, «Toy agobiao», pero, como «La Traviata», le digo: ¡Ámame, Alfredo!, tú que has sido nombrado a dedo.