Historia

OPINIÓN: Cerrojazo ya

La Razón
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El comandante en la reserva José Barranca sabrá perdonarme, porque pese a que habitamos antípodas ideológicas es de justicia reconocer que es un tío que se viste por los pies, por este artículo que no está escrito ad hominem sino para señalarle al Gobierno municipal la conveniencia de ver cada obstáculo que surja como una oportunidad. Nadie en tres décadas ha logrado explicar la utilidad del Defensor del Pueblo, cuyo solo nombre parece más una reminiscencia de la Edad Moderna que una institución del Estado de Derecho, y ni un batallón de argumentadores me convencerá de que su homónimo andaluz (costo multiplicado por diecisiete) sirve para algo distinto que la colocación masiva de los amigos de Chamizo, ese listillo. El Ayuntamiento de Monteseirín sumó al despilfarro un defensorcito local y sus sucesores, como en otros tantos asuntos, han heredado la mamandurria cagándose en sus promesas de austeridad. Veintitantos siglos de finanzas públicas, desde Atenas, nos deberían haber enseñado que la existencia de un centro de gasto por fuerza genera gasto. Si a la futilidad del servicio prestado la oficina del Defensor del Ciudadano une la generación de un conflicto, he ahí la ocasión pintiparada para pegarle el cerrojazo y aliviar el presupuesto. Tacita a tacita, como decía la otra.