Estampida en Ibiza

Poco a poco, Ibiza despierta del letargo para zambullirse en la locura estival de agosto. La isla mágica se pone a punto para volver a alzarse con la medalla de oro a la capital del mundo del famoseo. Cada verano son muchos los rostros conocidos que hacen un alto en la Pitiusa para disfrutar de sus días de cuento y encanto y de sus noches de locura.

Andrea aconsejó a su hermana Carlota que no fuera este año a la isla
Andrea aconsejó a su hermana Carlota que no fuera este año a la isla

Pero este año algo ha cambiado. Son muchas las caras conocidas que, a pesar de alquilar casas o tener las suyas propias en la isla, han decidido dar la estampida en agosto a rincones más tranquilos. «Es imposible salir tranquila de casa. Siempre tienes a alguien persiguiéndote o intentando sacar la típica foto fea», cuenta Nieves Álvarez. La modelo es una de las que han optado por cambiar su lugar de descanso hacia tierras italianas. «Es un sinvivir, están por todas partes», continúa. «Me encanta Ibiza, adoro sus playas y la gente, pero es inútil». Su casa, cercana a la de la Duquesa de Alba, situada en Cala Salada, este verano no contará con la familia Severini.
La actriz y reciente mamá de un niño precioso Cristina Piaget explica a LA RAZÓN: «La isla es maravillosa, pero, aunque creas estar en el rincón más alejado, siempre hay un chivato que avisa a un paparazzi para que te saque una foto. Yo, en agosto, no la piso». Isabel Sartorius, por su parte, ha optado por relajarse en el sur de la Península: «En agosto es imposible estar relajada en Ibiza. Siempre hay alguno que te pilla un michelín», comenta sonriendo. Y como ellas, son numerosos los famosos que optan por otros destinos. Andrea Casiraghi llegó a Ibiza a primeros de junio para celebrar su cumpleaños a bordo del impresionante yate plateado, propiedad de un amigo de la familia de su novia, Tatiana Santodomingo. El hijo de Carolina de Mónaco confesó a fuentes cercanas que su hermana Carlota tenía la intención de hacer lo mismo, pero que le hizo cambiar de idea al ver cómo está la isla poblada de cámaras. Al monegasco se le vio en el restaurante Juan y Andrea, en Formentera, y disfrutando de un mojito en el Blue Marlin de Cala Jondal. Atrás quedaron los veranos en los que alquilaban una casa cercana a Punta Galera. Cansados de tanto fotógrafo, prefieren saltar a la pitiusa mayor dos o tres días en barco, antes que hacer de la isla su cuartel general veraniego.

¿Que está pasando?
Las anárquicas Pitiusas sufren la invasión de las hordas de paparazzis. Si hace 15 años los ladrones de la intimidad sólo se atrevían a subir a los pinos de los alrededores del hotel Pikes, ahora campan a sus anchas e incluso «untan» a algunos en bares, restaurantes, aeropuertos e incluso a jardineros para que les avisen en cuanto exista un famoso a la vista. Tito, uno de los más antiguos parapazzis (como diría Segura) de Ibiza, comenta que depende del famoso, él mismo paga entre 100 y 500 euros al camarero chivato o a los alquileres de navegaciones. Como anécdota, confiesa que logró fotografiar a Kate Moss gracias una masajista –previo pago– que le avisó de dónde se encontraba.
Isabel Preysler ha sufrido también el acoso de los paparazzi. Lo cierto es que hace unos años quiso comprarse una casa aquí, pero cambió de idea rápidamente. «Isabel no quiere poner un pie en la isla por culpa del acoso. Solía quedarse en casa de una amiga a la que le bloqueaban las cámaras la puerta de su casa», relata un buen amigo suyo.
Y no es la única. Ibiza echa mucho de menos a Elle McPherson. La modelo no fallaba un verano y alquilaba siempre la misma casa en Cala Conta, construida por el arquitecto Javier Olaso, hoy propiedad de un italiano. Según cuentan, «el cuerpo» se cansó de que la siguieran mientras hacía footing y de que no existiera un lugar a salvo de miradas indiscretas.
Sin duda, cada vez son más las caras conocidas que huyen del agosto ibicenco. Como también son cada vez más los que optan por recorrer la isla en su propia embarcación y atracar en el chiringuito de Es Xarcu o Es Torrent, conocidos por su discreción, y pedir que les lleven la comida al barco. Ibiza se caracterizaba por la libertad y la tolerancia. Ahora todo ha cambiado.