Manzanares Twitter y el toreo de siempre

El torero celebró el primer tentadero público convocado a través de la red social a pocos días de su reaparición en Vistalegre y seis meses después de lesionarse la mano izquierda

TENTADERO DE JOSÉ MARÍA MANZANARES EN ÁVILA
TENTADERO DE JOSÉ MARÍA MANZANARES EN ÁVILA

Hace un viento terrible, la lluvia amenaza y lo que aún no sabemos es que la vuelta a casa será un viaje duro de nieve en medio de las tierras salmantinas. Respondemos a la llamada de José María Manzanares a través de Twitter. El primero en hacerlo. Las nuevas tecnologías, las redes sociales se suman a la Fiesta. Una máxima figura del toreo hace una invitación virtual a través de un tweet. «Se me acaba de ocurrir una idea. Voy a mandaros el sitio donde vaya a tentar cada día para los que quieran ser torero y están empezando puedan ir y salir a torear después». Concreta después el lugar: en la finca de Garcigrande, que es cubierta y soluciona así la primera intentona que hizo en la finca de El Pilar, y que tuvo que ser suspendida por el agua. ¿Quién le iba a decir a Belmonte que comenzaríamos esta historia así? La Fiesta se renueva sin perder un ápice la pureza de la realidad, porque cuando se abre la puerta de toriles la belleza es siempre la misma. La grandeza del gesto de Manzanares habla por sí solo: alimentar el toreo desde los cimientos. Dar toros a los chavales, hacer afición, dar a conocer el campo...

La hora (enviada también vía Twitter): las cuatro de la tarde. A las puertas de la plaza cubierta, no somos todos los que habíamos imaginado. ¿Dónde están los novilleros de Salamanca? ¿Dónde están los chavales de las escuelas taurinas?

Aparte de esa preocupante lectura negativa, hay un grupo de aficionados que no han querido perderse el placer de ver tentar en el campo a José María Manzanares a pocos días de reaparecer en Vistalegre seis meses después del percance que sufrió en Utrera en la mano izquierda. Ocuparán después unas localidades de la plaza sin perder detalle de las tareas de campo. Y aguardan también, algo más apartados, tres chavales. Dos de ellos, Juan Manuel Jiménez y Jesús Ferreras llegados desde Madrid, con el coche prestado por la madre de Jesús. «No nos podíamos perder esta oportunidad por nada del mundo. Y así lo entendió mi madre cuando se lo dije. Tengo los pelos de punta por ver al maestro». Jesús apenas debutó el año pasado y descubre sus primeros tentaderos, los primeros pasos en la profesión. «Es un lujo estar aquí y tal y como está el toreo más todavía».

Si hay algo que se respira junto a los tres chavales que han acudido a la cita de Manzanares es admiración y respeto. Y ese nerviosismo que destila la presencia del maestro. El sabor del maletilla antiguo. Del amante del toreo capaz de dejarse la piel por perseguir el sueño. El sueño de hoy y de hace cincuenta años, por mucho que hayan cambiado las cosas. La expresión del toreo, el sentimiento y la grandeza lo inunda todo. «Uno por las noches le da muchas vueltas a todo... Yo pienso por ejemplo en el maestro, que está aquí con toda su cuadrilla, y entonces lo que creo es que tengo que entrenar el doble. Él es hijo de un figurón del toreo, pero si no se pusiera delante del toro como se pone... olvídate. Le veo... y pienso en la grandeza del toreo, y por un lado sientes rabia por lo difícil que es la situación y por otro lado más ganas todavía por luchar y salir adelante», lo dice Juan Manuel Jiménez, que ya ha debutado con caballos. Y mientras habla, torea Manzanares, la tienta ya ha comenzado. Cuatro vacas para el maestro, detrás de él saldrán a torear los tapias y el ganadero, Jorge Matilla, les regala a los chavales dos vacas más para ellos. «Tengo los pelos de punta», dice Jesús mientras José Mari cuaja a la becerra por el izquierdo.

Se palpa en el ambiente la tensión. También para Pedro Cabrero, que está con caballos desde el año pasado, y se ha abierto una cuenta de Twitter a raíz de la llamada del matador. «Impone mucho estar aquí, impone solo ver al maestro, pero motiva, porque ya no es el torero inalcanzable que está en una plaza de toros, sino que se está mostrando muy cercano a nosotros y nos está dejando participar y la experiencia es maravillosa», apunta.

Pedro viene desde Ávila y afirma que irá allá donde pueda conciliar sus estudios de gestión de recursos naturales y paisajísticos. «Yo intento compaginarlo todo, porque todo es importante, uno no sabe nunca de lo que va a comer».

Atrás no quiso quedarse Diego Martín con una historia dura y meritoria. Siendo alumno de una escuela taurina le estalló una bomba en la mano con 15 años y tuvo que dejar el toreo. El otro día, en buena compañía, volvió a probarse. Y hasta un revolcón se llevó. Pero de la cara no se le borró la ilusión de haber toreado de nuevo. Pocos, pero bien avenidos y con historias de las que merecen la pena escuchar. Manzanares y la red social nos dejó asomarnos a los recuerdos del pasado. Gran tarde. También para el torero: «gracias a la gente que ha venido de verdad», colgó en el universo imaginario de Twitter tiempo después.