La tontería por Oché Cortés

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Para los que somos forofos y amantes de cualquier deporte, encender la radio o la televisión y descubrir que algo pasa en una cancha, siempre tiene un punto de celebración. Pero tengo que reconocer que hay algunos detalles de este mundillo que me sacan de quicio, por lo excesivo o por lo hortera. Claro, en los tiempos miserables que vivimos, una de las pocas satisfacciones que tiene el aficionado es encontrarse un segundo con su héroe en la puerta del hotel de concentración o a la salida del campo, porque si no, suele ser gente inalcanzable. Y claro, un tío, una fan o un chaval que se han comprado la camiseta oficial del club con el nombre de su favorito, se han gastado dos mil duros de los de antes en sudarla, han puesto la tienda de campaña en la puerta de la taquilla para entrar los primeros y se han hartado de gritar y de animar a su equipo durante los noventa minutos, necesitan que, por lo menos, sus gladiadores les hagan caso o les devuelvan algo de cariño. Pero no en todos los casos se da lo que se espera. Me molesta mucho que alguno se crea que es Estrellita Castro y salga del autobús sumergido en esos auriculares que parecen los cascos de un percherón, aislado del mundo y pasando de la gente que sueña con ellos. Me cae como un rayo que les pongan malas caras, que hagan gestos de fastidio y que corran para no verlos. Ahí son más tontos que donde los hacen. Y no entienden que son precisamente los seguidores quienes crean al artista y lo convierten en mito. Así que menos tontería, chavalote, quítate los cascos y deja de hacer el jili, que la fama de un deportista puede durar lo mismo que los dientes de leche. Que haya alivio y a por ellos oé.