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Una victoria contundente

Tiempo de lectura 4 min.

29 de noviembre de 2010. 01:51h

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29/11/2010

El resultado de las elecciones catalanas ha sido una clara victoria de CiU, que le permitirá gobernar sin dificultad, pero también una contundente derrota del tripartito de izquierdas que ha gobernado durante ocho años. CiU ganó las elecciones, por lo que Artur Mas será el próximo presidente de la Generalitat con la fuerza de un resultado tan relevante gracias al cual podrá gobernar sin ataduras. Los resultados muestran, también, una victoria de la derecha en Cataluña y un claro declive de las formaciones de izquierda que cosechan un resultado desastroso. Lo que resulta innegable es que el cambio ha comenzado, como dijo Rajoy hace unos días, en Cataluña. La responsabilidad en la debacle socialista no es sólo del equipo de Montilla, sino especialmente de Zapatero y Maragall. Es indudable que la mala gestión del Gobierno de Zapatero y su debilidad política han arrastrado a los socialistas catalanes desmotivando a su electorado tradicional. El PSOE no es ajeno a este fracaso. No hay que olvidar que Cataluña es uno de sus graneros electorales más importantes y esto tendrá un efecto en las próximas elecciones generales. El tripartito fue un experimento de Maragall. Fue responsable de que el PSC fuera prisionero del pacto con formaciones radicales y soberanistas que le ha alejado de sus votantes. Por su parte, Artur Mas ha contado con la fuerza de un partido unido, ilusionado y con ganas de conseguir una victoria importante. Un perfil moderado y posibilista, con guiños a uno y otro lado para no reducir sus expectativas, le ha permitido conseguir esa notable victoria. El líder de CiU ha contado con la permanente colaboración  y compromiso de Duran Lleida, que se ha volcado como si fueran sus propias elecciones. La excelente labor realizada en la política española y su imagen de moderación han sido muy beneficiosas. Mas y CiU tienen ahora una responsabilidad histórica porque podrán desarrollar su programa sin dificultades, aunque cabe esperar la búsqueda de acuerdos amplios como ha sido tradicional en CiU en beneficio de Cataluña. Los catalanes esperan moderación, prudencia y pragmatismo. El hundimiento de ERC, aunque previsible, muestra que los catalanes han dado la espalda claramente a los experimentos soberanistas y este espacio queda fraccionado con la entrada del polémico Joan Laporta. No hay duda de que esta nueva formación independentista buscará convertir la Cámara catalana en un espectáculo al servicio de su estrategia partidista. La alta participación, por encima de lo que sucedió en 2006, es un mensaje positivo que refleja el interés y el compromiso del pueblo catalán. La gran mayoría quería impedir una indeseada repetición del tripartito. Finalmente, el PP ha conseguido un buen resultado que muestra su fuerza y pulso en Cataluña y acorta distancias con el PSC. Su líder, Alicia Sánchez-Camacho, ha logrado recuperar la condición de tercera fuerza siendo capaz de hacer frente al siempre difícil voto útil que en las catalanas beneficia a CiU. Son dos formaciones claramente de derechas y que han colaborado en la gobernabilidad en beneficio de todos los españoles. Cataluña ha apostado por el cambio, ha dado la espalda a la izquierda y abre el camino para el resto de España.
 

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