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La Vuelta en el País Vasco

Tiempo de lectura 4 min.

09 de septiembre de 2011. 21:21h

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10/9/2011

Después de 33 años de boicot y de amenazas terroristas, la Vuelta, principal competición ciclista de España y una de las más importantes del mundo, llegó ayer al País Vasco y tuvo a Bilbao como final de etapa. El lendakari quiso resaltar su valor simbólico esperando a la comitiva en la frontera vasca con Cantabria y subiendo al coche que la encabezaba. Es un gran acierto de Patxi López, cuyo gesto decidido va más allá de lo puramente simbólico y supone la victoria de la legalidad y de la democracia sobre los matones de ETA. Pero también es un triunfo sobre el sectarismo y la arbitrariedad de los sucesivos gobiernos del PNV, que durante tres décadas han obstaculizado, ya fuera por activa o por pasiva, la celebración de cualquier acontecimiento deportivo en el que se luciera la camiseta de España o con connotaciones españolas. Así se explica que nunca se haya jugado en tierras vascas un partido de La Roja, que la Vuelta haya estado vetada tanto tiempo pese a la gran afición que existe o que ningún partido de la Copa Davis se haya jugado jamás en una de sus canchas. La fobia nacionalista a todo lo que suene, huela o sugiera España alcanza cotas enfermizas en el País Vasco, a pesar de que la gran mayoría de sus ciudadanos son acérrimos seguidores de los distintos combinados nacionales españoles. Así se demuestra en cada partido de fútbol de la Selección, que en el País Vasco registra altísimas cuotas de audiencia televisiva. Y así se demostró este año cuando se abarrotó el pabellón de deportes de Vitoria para ver jugar al equipo nacional sub 20 de baloncesto, que se proclamó campeón de Europa. Pese a ese «cordón sanitario» impuesto por los nacionalistas y remachado por el chantaje etarra, la sociedad vasca se identifica con unas selecciones y unos deportistas que, entre otras cosas, han conquistado la cima mundial y son el orgullo de toda la nación. Por mucho que les moleste a los dirigentes del PNV y a los batasunos, los vascos admiran y aplauden como propios los triunfos con los colores españoles de los Gasol, de Casillas y Xavi Alonso, de Nadal y de Fernando Alonso, de Olano y de Lejarreta. Pero ha habido que esperar a que en Ajuria Enea entrara un lendakari constitucionalista para que el sentido común, la legalidad y, sobre todo, la libertad se abran paso y se eliminen las barreras impuestas por el fanatismo. Por eso, es de justicia reconocer en toda su importancia el esfuerzo que ha realizado Patxi López para desintoxicar a la sociedad vasca de esa atmósfera enrarecida creada por los gobiernos del PNV. Relevantes han sido sus decisiones en materia administrativa y económica, en la lucha contra los terroristas y sus secuaces callejeros y en la democratización de los medios de comunicación públicos. Sin embargo, tal vez ninguna de ellas tenga tanta visibilidad y llegue tan directamente a los ciudadanos como los acontecimientos deportivos. De ahí la trascendencia de que la Vuelta haya regresado por la puerta grande a una de las zonas de España donde más afición hay por el ciclismo. Ganan los aficionados, sin duda, pero gana, sobre todo, la sociedad vasca en libertad y en dignidad.
 

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