MENÚ
lunes 17 junio 2019
18:59
Actualizado

Rubén Blades y la salsa inteligente

Rubén Blades. Ciclo de Conciertos de Los Veranos de la Villa. Madrid, 12-VII-11.
El talento es un reloj de arena que nunca se vence. A sus casi 63 años, Rubén Blades confirmó anoche en Madrid que es un artista completo, íntegro, casi inaccesible.

  • Rubén Blades durante su concierto de ayer en Madrid
    Rubén Blades durante su concierto de ayer en Madrid

Tiempo de lectura 2 min.

13 de julio de 2011. 01:18h

Comentada
13/7/2011

Un auténtico maestro, así pasen 1.000 años. Qué bueno tenerlo todavía con nosotros, tan vivo y tan bien. Lo suyo, lo que viene haciendo durante cuatro décadas, es algo así como salsa inteligente. Qué pena que el género se haya vuelto tan bobo, con tanta nadería, con tanto romantiquillo meloso. Rubén Blades dio durante 150 minutos un curso de música, una lección que muchos deberían aprender.
No se le puede pedir que mantenga ese chorro de voz que poseía con 30 añitos. Pero para qué. Sus lógicas carencias las suple con pasión, con alivios disimulados y con expresión. Además, es un animal de escenario y hace sentir a la audiencia como si estuviera viéndole en el salón. Cuenta historias, antes y durante la interpretación de la canción. Y lo hace con gracia, cuando toca, y con emotividad, cuando procede. Su nueva gira, la primera en cinco años, consta de favoritos personales y clásicos populares. Y para ello cuenta con una banda de 13 músicos realmente apabullante. Se pudo comprobar con la apertura, «La rosa de los vientos», y en «La caína». El primer gran momento de la noche llegó con «Decisiones», tres deliciosas historias narradas con maestría, ironía y gracia. Más graves fueron «Cuentas del alma» o «Plaza Herrera», ejercicios profundos de instrospección en los que Blades demuestra que también es cronista del yo. Otro gran momento de la noche llegó con «Plantación adentro», en la que apareció la trompeta de Jerry González, invitado ilustre, poniéndose al frente de una banda que aquí sonó desbocada.
Blades no se olvidó de los clásicos como «Juan Pachanga», «Todos vuelven», «Buscando Guayaba» o un emotivísimo «Amor y control», que le salió bordado. Todo ello acompañado de bailes con clase y un estilo lleno de arrabal. El artista panameño habla en sus canciones de muertos, vivos, traiciones, orgullo, raza, esperanza, dictaduras, gatillos asesinos, adulteros consentidos, belleza, porquería, exilio y amor, entre otras cosas. Sus composiciones siguen estando vigentes porque la escritura es perfecta. Habla de asuntos universales, cosas que fueron importantes hace cinco siglos y seguirán interesando dentro de 200 años. La fresca noche se fue con mensajes de orgullo de pertenecer a un mundo que contado por Blades siempre parece mejor. Aunque sea mentira. Así es la salsa inteligente que propone un hombre que es uno de los mejores cronistas de la historia de la música. Qué grande seguir siendo tan bueno cuatro décadas después. Quién pudiera.
 

Últimas noticias