Montañas escondidas en la Costa Dorada

A escasos kilómetros del Mediterráneo, el viajero se da de bruces con montañas y riscos de más de 1.000 metros de altura que quitan el hipo. Es la comarca del Baix Camp, donde pequeños pueblos de piedra, castillos, monasterios y aldeas deshabitadas conviven con leyendas y un rico legado histórico 

Es inevitable. Basta pronunciar el nombre de Costa Dorada para que de nuestra cabeza surja una nube invisible pintada de playas y de color azul marino. Craso error, pues a escasos kilómetros del mar Mediterráneo, la costa de Tarragona esconde montañas de elevada altura, imponentes riscos, coquetos pueblos de apenas 300 habitantes, bosques frondosos de un intenso color verde y un silencio que impresiona. Bajo la marca turística Montañas de la Costa Dorada, la comarca del Baix Camp nos deja boquiabiertos por la pureza de sus paisajes y lo insólito de sus leyendas, pero también con un excelente regusto en el paladar, pues este rincón de Cataluña presume de una sencilla pero rica gastronomía.
Para disfrutar de este viaje, debemos cumplir ciertos requisitos como apagar el móvil –o al menos bajarle el volumen–, no mirar en exceso el reloj y, por supuesto, olvidarse de las prisas por completo. La ruta incluye más de 20 municipios y un sinfín de posibilidades de actividades. Los más aventureros no deben pasar por alto la posibilidad de practicar escalada en los riscos de Arbolí o la Mussara, pues se trata de un destino conocido a nivel internacional en esta disciplina, mientras que los más clásicos tienen a su disposición recorridos en bicicleta y rutas de senderismo muy sencillas y pensadas para realizar en familia.


Empezamos el recorrido en Prades, un pueblo de postal situado cerca de los mil metros de altura cuyas calles empedradas nos invitan al paseo. Entre todas ellas, la iglesia de Santa María, de transición del románico al gótico y con portada renacentista, atrapa todas las miradas, más aún si la contemplamos desde la Plaza Mayor, centro neurálgico de la villa donde resulta una delicia sentarse a tomar el aperitivo. A apenas dos kilómetros, es obligado hacer un alto en la ermita de l'Abellera, refugiada al abrigo de una roca. La cueva forma parte de un riscal que alcanza los 1.020 metros de altura. Además de adentrarnos en la capilla, que data de 1570, hay que contemplar las espectaculares vistas del valle del río Brugent, con los pueblos de Capafonts y Farena al fondo. En una suave excursión a pie, merece la pena ir en busca de la roca foradada, un capricho de la naturaleza que ha formado la erosión y que ha acabado creando un gran arco natural. En Capafonts debemos callejear. Así nos toparemos con Cal Macià –la leyenda dice que pudo ser la casa natal de Cristóbal Colón– y con el horno de pan del pueblo, de origen medieval y cuyo interior se mantiene intacto.
La magia de la comarca llega de la mano del pueblo deshabitado de la Mussara, una aldea de aire misterioso y fantasmagórico que perdió sus moradores en 1959 y que ahora nos invita a caminar en pleno silencio entre una decena de casas derruidas. Las impresionantes vistas desde su mirador son únicas.

La leyenda de los dips
Un poco más al sur, muy cerca de la costa, nos esperan pueblos como Mont-roig del Camp, Les Borges del Camp, Riudecanyes o Pratdip. En el primero de ellos no hay que dejar escapar la ermita de la Mare de Déu de la Roca, mientras que en Riudecanyes debemos ascender hasta el cerro de Santa Bárbara para realizar una visita guiada al Castillo-monasterio de Sant Miquel d'Escornalbou. La última parada puede ser Pratdip, en la vertiente suroccidental de la sierra de Llaberia. De sus casas sobresale el castillo, que corona la villa, y sus torres de defensa, aunque lo que se nos queda grabado en la memoria es la leyenda que nos cuentan los lugareños, pues se dice que el nombre del pueblo viene de los dips, unos perros de apariencia vampírica que permanecen en el imaginario popular y que se alimentaban de la sangre del ganado. Ahora, entre mitos y fábulas cerramos la maleta con la grata sensación de haber descubierto un rincón distinto, una comarca que por desconocida resulta, si cabe, aún más atractiva.
 

 

>> Cómo llegar. El AVE hasta Tarragona es el medio de transporte más cómodo.
>> Dónde dormir. El club de calidad Ruralka cuenta con tres hoteles en la provincia de Tarragona. La Siuranella, en el pueblo de Siurana, en el Priorat, es una acogedora casa típica de la sierra cuyo restaurante de autor hace las delicias de los más sibaritas (902 012 637).
>> Dónde comer. La cuineta i el fornet, en Borges del Camp (977 560 232) y Fonda Espasa, en Prades (977 868 023), ofrecen la mejor cocina tradicional, mientras que El Celler, en l'Arbocet sorprende por su cocina vanguardista basada en productos de la zona.