Soderbergh patadas y cine puro

Presenta «Haywire», una cinta de acción con las palabras justas

Cuando Steven Soderbergh llamó a Michael Fassbender para ofrecerle un papel en «Haywire», le preguntó: «¿Tienes algún problema por pegarle un puñetazo en la cara a una mujer?». Fassbender respondió que no, probablemente porque aún no sabía que iba a salir muy mal parado de la pelea: su contrincante sería Gina Carano, estrella de las artes marciales en EE UU. Si Soderbergh construyó una de sus obras más experimentales, «The Girlfriend Experience», alrededor de la actriz porno Sasha Grey, «Haywire», presentada fuera de concurso en la Berlinale, lo hace alrededor de Carano. En realidad, ambas películas forman un excéntrico díptico: las dos están protagonizadas por no-actrices que trabajan con su cuerpo, que controlan su significado.

Y aunque Soderbergh insistió ayer en que ha hecho «Haywire» para desengrasar máquinas y con el único objetivo de divertirse, no es difícil detectar en ella rasgos de sus películas más radicales, aquellas que ha hecho dándole la espalda al público («Bajos fondos», «El halcón inglés», «Bubble»). Para empezar, esa mirada fría, abstracta y concreta a la vez, que deseca las escenas de acción. «Hay un cincuenta por ciento del metraje en el que nadie habla», explica Soderbergh. «Me interesaba hacer cine puro, que se explica sólo a través de la imagen. Pensaba en las películas de Hitchcock, que funcionan igual si les quitas el sonido». La segunda «set piece», que sucede en Barcelona, vacía de palabras, la liberación de un rehén convirtiendo la ciudad en una pintura cubista, un auténtico laberinto construido a partir de un vertiginoso uso del montaje. «Es una de las ciudades más hermosas del mundo, y de hecho tuve que resistirme a retratarla como en una postal», confiesa Soderbergh. La protagonista es una agente especial que el gobierno contrata para que haga el trabajo sucio y los que la buscan para eliminarla son un pretexto para que el cuerpo de Carano siga en movimiento. Soderbergh ha hecho una magnífica película sin argumento; una película, en fin, que cumple literalmente con aquel célebre predicamento de su admirado Godard: «Lo único que se necesita para una película es una mujer y una pistola».


Asia «mon amour»
«White Deer Plain», del chino Wang Quan'an, no cambiará la historia del cine, pero tiene mucho que decir sobre la de su país. Esta epopeya rural cuenta el brutal cambio político que sufre la sociedad china –del feudalismo al comunismo– a partir de las vicisitudes de dos familias, con aliento épico y espíritu provocativo (¿sexo explícito en una película china?), pero le falta explicar el contexto para que sea inteligible para el espectador occidental. Más humilde en intenciones, «Postcards from the Zoo» imagina a una joven que de niña fue abandonada por su padre en el zoo de Jakarta, actuando como una jirafa que sale de su cautiverio. En la película de Edwin, los animales parecen personas, y viceversa.