Ortega Cano marinero en tierra

«Ana María me ha ganado por su sencillez y su cariño», dice el diestro a sus amigos mientras ultima hacerse con un yate para su novia

Ortega Cano ha descubierto los placeres que tiene la mar y parece que le gustan
Ortega Cano ha descubierto los placeres que tiene la mar y parece que le gustan

Ni José Ortega Cano es un experto lobo de mar, ni Ana María Aldón la reina de los mares, pero los dos surcan las aguas cercanas a las costas onubenses y gaditanas con un yate alquilado y del que, seguramente, se convertirán en propietarios antes de que finalice el año.

El barco, con once metros de eslora, es de un futuro socio del torero, el empresario Luis Castell, con el que José planea construir un centro hípico dentro de la finca Yerbabuena. En él se impartirán terapias equinas para niños discapacitados, y también clases normales de monta y doma. Aún así, algún buen amigo le ha recomendado al viudo de Rocío Jurado que elija mejor a sus socios. Razones tendrá para ofrecer tan ¿sabio? consejo.

Pero, de momento, al hombre que conquistaba los ruedos taurinos, lo que más le interesa ahora mismo es conquistar el mar. Hace unos días le veíamos en el yate, con una embarazada Ana María con más pose de diva que de gentil marinera, tapándose con el bolso la tripa para que los sufridos paparazzis no pudieran inmortalizar lo que ya se adivina.

El bebé vendrá al mundo en febrero de 2013, y ya se especula con que la boda llegará antes de finales de este año. A la frutera, por su atuendo marinero, se la compara con aquella Raquel Mosquera de gorro horteril y prendas amplias. No tiene «personal shopper», ni lo requiere, no hay más que ver su vestuario. Ortega, obsesionado con ser padre biológico, la mima y ensalza sus virtudes: «Es una mujer que me ha ganado por su sencillez y su cariño», le dijo a un amigo. Y su familia asegura que le ven más feliz ahora que en todos estos últimos años de pesadumbre, de desgraciados accidentes de carretera y de problemas paterno filiales.
El niño, José Fernando, sigue enfrentado al padre que le dio sus apellidos, mientras la niña, Gloria Camila, estudia este mes en Londres junto a su prima. Gloria y su padre adoptivo han acercado posturas, porque la influencia de su hermano estaba alejando a la hispanocolombiana del seno paterno. Pero parece ser que la mujercita de dieciséis hermosos años ha roto con su novio, un rumano que no caía bien a José. Y la noticia ha alegrado en demasía a un hombre que, últimamente, cuenta buena parte de su vida por desgracias.

El bebé que viene en camino ya tiene adjudicado nombre: Ana María o José María, según sea su sexo. Y, mientras tanto, parte de la familia Ortega Cano reprocha al «matador» que prefiriera surcar los mares antes que visitar al hermano, Eugenio, que se recupera de un infarto en un hospital madrileño.

El barquito en cuestión está valorado en unos trescientos mil euros, pero la cifra bajaría bastante si el nuevo marino decide comprarlo. También se baraja la posibilidad de que el yate entre dentro de la operación fraguada por Castell y Ortega, algo así como si el empresario lo incluyera en la parte económica que le corresponde aportar a la sociedad.

A José no parece disgustarle la idea, tanto apego le está tomando a navegar, sobre todo, porque Ana María está encantada con esta nueva afición de su pareja.

Exclusiva a la vista
No falta mucho para que la esperada exclusiva de la pareja, hablando de su amor y del embarazo, salga a la luz. Sobre la mesa, la oferta millonaria que abrirá las puertas de los misterios. Un dinero que vendrá bien para ampliar los negocios.

En cuanto a la herencia dejada por Rocío para que fuera entregada a sus hijos adoptivos cuando alcanzaran la mayoría de edad, José Fernando acaba de ver ingresados en su cuenta ciento cincuenta mil euros. El resto, hasta el millón, se irán entregando en futuros plazos. Pero el chico, rebelde de por sí y enfrentado claramente a su padre español, reclama los intereses devengados. Han tenido que ser los abogados de ambas partes quienes negocien el trato. Padre e hijo no quieren verse ni en pintura.

 

Gloria estudia en Londres
Después de pasar unos días de vacaciones con su padre y la novia de éste, la menor, por ahora, de los hijos del torero puso rumbo a Londres, a donde se ha marchado durante unas semanas a estudiar un curso intensivo de inglés. La acompaña una prima. La joven se deshizo en lágrimas cuando llegó el momento de separarse de su padre, a quien se abrazó y de quien no se quería soltar. El diestro abandonó el aeropuerto después de que las niñas pasaran el control de seguridad.