Joaquín deja al Atlético malherido

Derrota dolorosa, injusta y cruel la del Atlético ante uno de los Valencias más flojos que ha pasado por el Calderón. Prevaleció la ley del oportunismo, del remate y de la fortuna, y Joaquín, sobresaliente para el gaditano, apareció en dos momentos puntuales para apretar un poco más la soga de Quique, al que la afición indultó

Agüero y Maduro en un lance del partido
Agüero y Maduro en un lance del partido

El enfado y las iras de los seguidores rojiblancos se dirigieron al palco, con la familia Gil en la diana de los cánticos. Y es que los objetivos del Atlético cada vez están más lejanos. No valen comidas de hermandad, buenos propósitos, conjuras o embrujos porque el equipo está gafado.

Tan gafado que cuando el Atlético podía ponerse, de nuevo, por delante en el marcador, Forlán mandó al poste, con Guaita vencido al otro lado, el penalti con el que fue castigado el Valencia por derribo de Maduro a Reyes. Fue una de las jugadas claves de un partido que el Atlético encarriló muy bien, con el gol tempranero de Reyes ante un rival que se lo tomó con calma, que salió pensando en el Schalke y que se aprovechó de las ingenuidades defensivas de un Atlético que fue de más a menos.

El pase de Forlán al hueco, la indecisión de Ricardo Costa y el remate de Reyes con la izquierda pusieron el partido como lo quería Quique, para que la ansiedad del triunfo no pasase factura. Y con el balón en su poder –siempre con los defectos habituales en Raúl García y Tiago– el Atlético se estiró, buscó la portería de Guaita y comprobó como Agüero sigue divorciado con el gol, pese a dos grandes jugadas que se marcó el argentino. Forlán estuvo más predispuesto que otras veces, pero la aportación de Mérida –con él se buscaba el último pase– fue escasa. Reyes se multiplicaba y era chico para todo.

El Valencia en su papel de convidado de piedra, se defendía, tapaba huecos, no generaba juego y tenía en Jordi Alba a un estilete por la banda izquierda. Emery jugó con tres centrales y dos laterales largos, especialmente Alba, que fue una pesadilla para Valera. Topal y Tino Costa tampoco tenían mucho la pelota y Soldado era un islote que no recibió un balón en condiciones.

Así hasta que Joaquín empató ante la apatía de Perea y Godín. Mucho premio para nada y vuelta a empezar para el Atlético en una segunda parte marcada por el fallo del penalti. Porque la iniciativa volvió a ser rojiblanca,porque el Atlético se hinchó a lanzar saques de esquina, porque tuvo más ocasiones, pero no acertó a resolver ante Guaita.

El Valencia, agazapado en su campo, esperaba el contragolpe. No hacía nada por buscar el triunfo y se dejaba llevar. Superaba los sobresaltos que provocaban Agüero, Forlán y Reyes y movía Emery el banquillo para refrescar a sus hombres. Al Atlético se le iba acabando la gasolina, pero ponía todo el corazón por encontrar el triunfo. No había mucho juego, porque el centro del campo es el pecado original del equipo, pero todo estaba controlado. Hasta que de un córner a favor la pelota acabó en los pies de Joaquín que batió a De Gea, para escarnio de un Atlético que suma su cuarta derrota consecutiva y agrava aún más su crisis.


Cerezo dio ánimos al entrenador
El técnico rojiblanco seguirá al frente del equipo. No se espera que haya medidas drásticas y nada más concluir el encuentro fue el presidente de la entidad el que bajó al vestuario para hablar con Quique y animarle. El entrenador madrileño estaba hundido, pero en su comparecencia ante los periodistas fue contundente. «Yo quiero seguir hasta el final, quiero volver mañana a trabajar con los jugadores que se han dejado la piel. Hicimoz todo para ganar, lo mismo que el día del Athletic, y no lo logramos», comentó Quique, que ensalzó a los aficionados, recordó la historia del club y recordó que a «Agüero y Reyes los masacran cada partido sin que ocurra nada».