El paripé de la Zarzuela

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Pinamonti intentó colocar al Teatro San Carlos de Lis- boa en el circuito ibérico con programaciones de elevado interés artístico que las finanzas portuguesas no pudieron sustentar. Otro tanto le sucedió en el Festival Mozart de La Coruña, cuando Palomero le colocó a su frente, con la particularidad de que además esa programación desenganchó al público. Ambos efectos, así como los desacuerdos con Víctor Pablo, acabaron con la continuidad del italiano. Si Palomero quería colocar a su amigo al frente del Teatro de la Zarzuela podía haberlo decidido personalmente, apechugando con toda la responsabilidad, y sólo hubiera cosechado críticas sobre su idoneidad. Sin embargo, al interponer un concurso examinado por una comisión integrada mayoritariamente por pocos expertos en el tema con la que «justificar» un deseo previo, ha conseguido una crítica adicional: la de utilizar a terceros –jurado y candidatos– torpe e injustificadamente.
El código de buenas prácticas y los concursos estaban viciados de origen porque con ellos, Antonio Molina y Marset, ministro e Inaem, intentaron colocar sus deseados sin aparecer como res- ponsables de ello. ¿Se acuerdan de López López en el Auditorio? En los concursos serios hay que hacer públicos criterios y escalas de valoración, desconocidos aún en el de la Zarzuela. Y, con elecciones en ciernes y la temporada 2011/12 cerrada, ¿no habría sido más lógico prorrogar al actual director por seis meses y dejar que decidiese el futuro Inaem?
Tampoco hay que olvidar el aún no aclarado nombramiento, publicado en el BOE, de Isabel Vázquez como «sobreintendente» de un teatro que no va a pisar o las dos nóminas para un solo director musical. Tanto oscurantismo sólo puede ser parcialmente superado con la publicación del proyecto que le ha valido la elección a Pinamonti. Es algo imprescindible y exigible a fin de que todos podamos valorar la idoneidad de la decisión. ¿No se convocó un concurso para eso? Mientras tanto todo parecerá un mero paripé.