África

El Cairo

Una ciudad de barricadas

En Egipto hay dos millones de policías y un millón de antidisturbios, pero han desaparecido de las calles 

Una ciudad de barricadas
Una ciudad de barricadaslarazon

EL CAIRO- El viaje en coche desde la periferia hasta el centro de El Cairo es uneslalon de barricadas, vías bloqueadas, carros de combate y hogueras, en el que salen al paso cientos de hombres armados: grupos de militares con repetidoras al hombro y civiles con armas blancas. Pertrechados con palos, espadas, cuchillos de cocina y barras de metal, seis jóvenes de entre 15 y 26 años hacen guardia de madrugadaalrededor de un fuego, en un barrio residencial situado al noreste de la plaza Tahrir. Están allí, aseguran, para defender a sus vecinos del pillaje,cubriendo el vacío que ha dejado la Policía en la capital de Egipto, sumida en el caos por la revuelta popular que ha puesto en jaque la dictadura de Hosni Mubarak. Como ellos, miles de cairotas pasan las noches al raso lejos delcentro de las protestas, desafiando el toque de queda impuesto por el Gobierno, e improvisando el ejercicio de la autoridad con «checkpoint» repartidos cada 50 metros. A pesar de que en Egipto hay más de dos millones de policías y cerca de un millón de agentes antidisturbios, desde hace días handesaparecido de las calles de las grandes ciudades, dejando a la ciudadanía desprotegida.Entre tanto, los medios de comunicación locales denuncian que los robos y el pillaje no cesan; y que cientos de presos han sido liberados de las cárceles por grupos descontrolados, aprovechando la confusión. «El régimen está extendiendo todo tipo de rumores, pretende crear elmáximo caos para que la gente anhele la vuelta de la estabilidad y al orden de la tiranía. Es una manera de deslegitimar las protestas yvolver al pueblo en contra. Pero no va a funcionar», opinó Ibrahim, cabecilla de uno de los grupos de activistas. Los «check point» sirven también como red de vigilancia y fuerza de choque frente a la autoridad gubernamental y sus partidarios. «Vamos a matar al tirano», dijo un adolescente delgaducho, blandiendo un enorme cuchillo, e imitando con el dedo índice el gesto dedegüello. «Vamos a intentar echarlo del Gobierno, el problema es que no sabemosqué puede venir después. Lo primero es que se vaya, luego tendremos que pensar qué viene después», matizó Ahmed, el único adulto de sugrupo. Las «guardias urbanas» obligan a los vehículos a frenar mediante precarias barricadas construidas a toda prisa con trozos de hojalata, ladrillos, piedras y neumáticos. Un auto se para pidiendo paso y Ahmed manda a dos de sus muchachos.Resulta ser un militar uniformado del Ejército egipcio, quien se presta, sonriente, a este inverosímil control, mostrando amablemente su documentación.«Ahora somos nosotros los que decidimos quien pasa. Es el mundo al revés», ironiza Ahmed. En los accesos a las zonas más calientes, el clima de los «check point» es considerablemente más tenso. Aquí los vigilantes son bruscosy expeditivos. Se vigila cada callejuela y cada maleta con nerviosismo, entre gritos y empujones. «Ya no sabemos quién es quién. Es muy difícil entender quién te estádando el alto», reconoció el conductor, Nassam, que ejerce de taxista y guía por el laberinto a precios cinco veces más altos de la carrera habitual. En las entradas principales de El Cairo quienes paran el tráfico son los militares. El Ejército ha plantado sus carros de combate en plena calzada para evitar, según denuncia la oposición, que grandes gruposse unan a las protestas desde las ciudades vecinas.