«Saw» violencia rentable

La vida es un juego, pero en el caso de Jigsaw, el juego eres tú y la vida que es la tuya. Cuando en 2003 se estrenó «Saw» nadie sabía qué era ni qué escondía. Después de tantas comedias caricaturizando a los asesinos en serie y las películas de terror –en plan «Scary Movie» y todo eso, que tanto proliferaron durante una época–, desembarcaba en las carteleras un filme que devolvería a este género su identidad (como también hizo el cine japonés)

 
 

El cartel era de una extraña pulcritud que nada aventura lo que le aguardaba al espectador: un fondo blanco con unas letras rotuladas en un color marrón que parecía sugerente.

Un pie cortado

«Bueno, otra de miedo, qué más da», se escuchaba en la fila de la taquilla. La ingenuidad se perdía con las primeras dosis de violencia extrema, una de las marcas de identidad de la saga. «¿Sería capaz un hombre de cortarse el pie a la altura del tobillo para salvarse?». El público comprendió la brutalidad de la propuesta y quedó conmocionado. La tortura a la que se sometía a los protagonistas hizo que más de uno se levantara de la butaca y abandonara la sala. Las frases que se pronunciaban se han ido repitiendo de una generación de espectadores a otra hasta convertirse en tópicas: «Quiero jugar un juego» o «vivir o morir, tú decides». Ahora llega a las pantallas la séptima entrega de una serie que ha reportado a sus creadores, a lo largo de diez años, 730 millones de dólares, una cantidad nada desestimable y muy sustanciosa si tenemos en cuenta que lo único que se enseña es violencia extrema.

El argumento es prometedor. A pesar de la crueldad, detrás asoma una idea que no está mal. Pero, al final, ha quedado como todas: un criminal con una coartada dudosa: hacer purgar a los malos sus pecados. El esquema se mantiene intacto. Tobin Bell, el actor que interpreta al villano, que ya cuenta con hueco en el «hall» de los más malos de la historia del cine, reconoce que el final «estará a la altura». En 2009, el Ministerio de Cultura español calificó como «X» la sexta parte, lo que impedía que la película fuera exhibida en salas comerciales. La culpa fue de una secuencia de se automutilación. El título fue repescado cuando ya era un éxito ilegal en la red y la estrenó un año más tarde los planos polémicos.