Fraga se queda sin foto y Chacón busca el abrazo con González

Cinco horas de celebración y casi 500 políticos por los pasillos y los salones del Congreso dan para mucho: chascarrillos, anécdotas, miserias, miradas que se cruzan, caras que se evitan, personas que se buscan...

El presidente de la Cámara Baja, José Bono (d), pronuncia su discurso durante el acto que se celebra esta tarde en el Congreso de los Diputados con motivo del 30 aniversario del intento de golpe de estado del 23-F
El presidente de la Cámara Baja, José Bono (d), pronuncia su discurso durante el acto que se celebra esta tarde en el Congreso de los Diputados con motivo del 30 aniversario del intento de golpe de estado del 23-F

MADRID- Así es nuestra política. Claro que para no hablar siempre de ellos –y que se nos quejen–, entre nosotros, también hay lo suyo. Mención especial le daríamos a los servicios de seguridad de La Zarzuela y sus amenazantes advertencias. Tan cercanos a la Familia Real y tan anclados en las maneras policiales del pasado quienes les protegen. Éstas son algunas de las historietas de las enésima fiesta de la libertad y la democracia.

-Manuel Fraga, sin foto. Uno de los hombres más puntuales de cuantos ha dado nuestra política se perdió ayer la foto de familia que coronó el festejo en la escalinata de los leones. Allí estaban hasta los nietos de Calvo Sotelo. Pero don Manuel, que iba en silla de ruedas, tuvo que rodear al edificio hasta llegar al punto de encuentro. Cuando lo hizo el personal ya estaba disuelto. Imperdonable error de protocolo de la Casa.

-Chacón logra su escena más deseada. Mucho más rápida que Fraga estuvo la ministra de Defensa, la aspirante a sucesora de Zapatero. Llevaba tiempo buscándola y fue el 23-F y un fallido golpe de Estado el que le dio la oportunidad de lograr su foto más deseada, la del abrazo con Felipe González, al que ahora tanto reivindica. Fue en el hemiciclo. Se situó estratégicamente detrás del ex presidente y hasta que no se colgó de su cuello y oyó los disparos de las cámaras no cejó en el empeño.

- Alonso y Soraya, amarrados a sus escaños. Ya hemos dicho que no había más protocolo que el que Bono dispuso para los entonces portavoces parlamentarios. El resto de diputados iba situándose donde podía o le dejaban. Hubo quien generosamente cedió el suyo habitual a quienes fueron protagonistas de aquel día. Otros se amarraron al suyo, y no hubo manera de que los soltaran. Fue el caso de los portavoces del PSOE y el PP, Soraya Sáenz de Santamaría y José Antonio Alonso. Contraste con el nacionalista catalán, Josep Antoni Duran LLeida, a quien no le importó irse casi casi al gallinero.

- Zapatero y Rajoy, de confidencias. Estaban situados a derecha e izquierda de Bono. Pero cuando éste se levantó para hablar desde la tribuna no pararon de cuchichear entre ellos. Risas, confidencias y murmullos cuando oyeron al presidente del Congreso a expulsar el insulto y la confrontación de la política. Ninguno de los dos desveló el contenido de su conversación. El presidente sólo dijo, a preguntas de los periodistas, «nos llevamos mucho mejor de lo que creéis». ¿Rajoy? «No recuerdo nada».

- Rajoy se sentó en el banco azul. Sólo Bono se hubiera atrevido a retorcer el protocolo así para situar a Rajoy en lugar destacado, y sentarlo en el banco azul del Gobierno. Comentarios maledicentes de los suyos; elogios obligados por el detalle de sus adversarios. n «Si se mueven, tendremos un disgusto serio». Cordón de seguridad. Los periodistas debidamente situados. Faltan cinco minutos para que Don Juan Carlos entre en el Congreso, y la voz de un agente abre de par en par los ojos de los plumillas: «Cuando entre el Rey no se les ocurra cruzar por detrás. Si lo hacen tendremos un disgusto de los serios». ¿Cómo de serio?, le preguntan. Llega el Rey, se salta el protocolo y declara ante los micrófonos.