Ignacio Garibay: «Era una apuesta complicada y había que tirar la moneda»

Segundo torero mexicano que hacía el paseíllo en la presente edición de San Isidro y segundo herido grave del ciclo. El espada azteca se presentó en Madrid nueve años después de su último paseíllo en la capital y el órdago era a la grande.

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Ignacio Garibay se la jugó con el peligroso ejemplar de Partida de Resina que le tocó en suerte y se llevó uno de los «tabacos» más graves de esta feria. Aún en la cama de la clínica, cree que su actitud el domingo le ayudará a hacerse un hueco en el escalafón europeo y que las heridas serán su carta de presentación para aquellos empresarios que cuenten con él. 

–¿Cómo se encuentra?
–La cornada fue muy grande y me duele bastante. El animal me atravesó el muslo y los destrozos fueron grandes, sobre todo en el cuadricéps. Afortunadamente en las últimas horas, pese al dolor, no he tenido fiebre, lo cual es síntoma de que la cicatrización va por el buen camino.

–Nueve años sin hacer el paseíllo en Las Ventas, vuelve y se lleva un «tabaco» considerable. ¿Acusó la diferencia entre el toro mexicano y el español?
–No creo que fuese por la diferencia en el comportamiento de los animales, porque me he preparado a conciencia en el campo, he matado muchos toros y llegué muy mentalizado a la cita del domingo.

–Matar un encierro de Partido de Resina es una apuesta fuerte.
–Sin duda es una prueba muy complicada y había que lanzar la moneda al aire. Luego me enfrenté con animales con una hechuras y unas intenciones nada favorables y que no me dieron la oportunidad de demostrar mi toreo.

–¿Hubiera sido mejor volver al coso madrileño con otro ganado?
–No conozco en profundidad toda la cabaña brava española, pero estoy seguro de que con otros astados diferentes a los del otro día podría haber cuajado una tarde redonda. Aún así no me arrepiento de nada, creo que anunciarme en Las Ventas ha sido un paso adelante en mi carrera. La sensación con la que me voy es positiva.

–Gesto de «torero macho», como dicen en su tierra, el de aguantar en el ruedo con una herida importante.
–No podía hacer otra cosa. Tenía que aguantar hasta que el animal doblase por todos aquellos que pagaron por estar en la plaza. Además, dediqué la muerte de ese toro a tres grandes maestros de todos los tiempos (Palomo Linares, Eloy Cavazos y César Rincón) que tuvieron la gentileza de ser testigos de mi regreso a la capital del toreo.

–Emotivo brindis a los tres maestros.
–Sí, era una obligación, porque son tres referentes para mí y personalidades muy importantes en la historia del torero. Me sentí muy orgulloso de que fuesen testigos de mi actuación. Con el brindis les quise agradecer su presencia en los tendidos aquella tarde y presentarles mi más sincera admiración por todo lo que han dado a este arte. Una pena que todo acabase de un modo tan dramático. 

–Le servirá su paso por San Isidro para hacer temporada europea.
–Mi futuro en España y en Francia dependía de la imagen que dejase en la oportunidad que me dio la empresa de Madrid. Creo que, pese al percance, el ambiente que se ha creado en torno a mí es muy positivo. Si me llaman para torear aquí será un tremendo éxito, de lo contrario, me volveré a México para continuar con mis compromisos. Allí es diferente, ya me conocen, no tengo que demostrar nada. De todos modos soy optimista y seguro que podré torear más tardes más antes de regresar a mi país.