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Sin sexo hasta no formar Gobierno en Bélgica

La senadora belga Marleen Temmerman propone a las esposas de los negociadores recurrir a la castidad hasta que flamencos y valones alcancen un pacto ocho meses después de que se celebraran las elecciones generales anticipadas.

  • Manifestación en Bruselas del 23 de enero en la que los belgas reclamaron la formación de un Gobierno.
    Manifestación en Bruselas del 23 de enero en la que los belgas reclamaron la formación de un Gobierno.
Bruselas.

Tiempo de lectura 2 min.

08 de febrero de 2011. 02:45h

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Bruselas. 8/2/2011

Con 239 días sin Gobierno en la cuenta, y camino de batir el récord de los 289 días de Irak, al rey Alberto II se le está acabando la paciencia,  los intermediarios y las ideas para tratar que flamencos (norte) y valones (sur) superen lo que parece que son diferencias insalvables.
La solución puede pasar por disparar contra uno de los pocos intereses que, al parecer, aún comparten los negociadores de uno y otro lado: sus apetencias sexuales. Así, la senadora belga Marleen Temmerman ha propuesto a las mujeres de los políticos de los partidos de ambas comunidades que dejen a sus esposos sin satisfacer sus necesidades maritales hasta que no cierren un acuerdo de Gobierno. Una «huelga de sexo» en toda regla que sonaría tan extravagante como otras propuestas sugeridas (como la de dejarse crecer barba hasta que lleguen a un acuerdo, hecha por un conocido humorista), si no fuera porque parte de toda una experta.

Temmerman es una reconocida ginecóloga de profesión, premiada por el British Medical Journal por los logros de su carrera política en asuntos médicos. Y como buena científica que es, recurre a las pruebas para demostrar su teoría, recordando que en Kenia una huelga de sexo similar consiguió que se formara un Gobierno en menos de una semana. «Nunca se sabe, es mejor que el cinismo», indicó al diario belga «De Morgen». Incluso cuenta con el favor de los clásicos, ya que las mujeres griegas dejaron a sus maridos sin los placeres carnales hasta que no pusieran fin a la guerra del Peloponeso, según la comedia «Lisistrata», de Aristófanes.

La propuesta llega en un momento en el que Alberto II, uno de los pocos elementos que parecen compartir en los dos lados de la frontera lingüística, además de la cerveza, ha nombrado al liberal francófono Didier Reynders como el último encargado de pilotar el acercamiento. La presión que ejerza la propuesta de la senadora puede terminar por cerrar un pacto de gobierno, o simplemente hacer más indeseable el cargo de político, en un país en el que sus ciudadanos ya les gritaron «vergüenza».

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