Prestigio internacional por Valentín Bote

La Razón
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En el año 622, Mahoma y sus seguidores viajaron de la ciudad de La Meca a la de Medina, donde encontraron refugio de la persecución de la que eran objeto, una emigración conocida comúnmente como Hégira. Dentro de unos años ese mismo trayecto –de unos 450 kilómetros– entre las dos ciudades santas musulmanas, que todos los años visitan millones de fieles, podrá ser recorrido en AVE. Y este hecho será una realidad gracias al trabajo de un consorcio de empresas españolas –integrado por las públicas Adif, Renfe e Ineco y por las privadas OHL, Indra, Cobra (ACS), Consultrans, Copasa, Imathia, Dimetronic, Inabensa y Talgo– que ganó el pasado año un concurso internacional –el más importante ganado por empresas españolas en el extranjero, por su montante superior a 6.700 millones de euros– para la construcción tanto de las infraestructuras y señalizaciones como de los trenes de alta velocidad que harán dicho recorrido.

Y es que quizá no es del todo conocido, pero las empresas españolas del sector de las infraestructuras son enormemente competitivas internacionalmente. De hecho, no es casualidad que algún otro proyecto internacional emblemático, como puede ser la ampliación del Canal de Panamá, se adjudicó en 2009 a otro consorcio liderado por Sacyr Vallehermoso.

En otros sectores, como el de las telecomunicaciones, estamos mucho más acostumbrados al liderazgo internacional de una empresa española, Telefónica, que aunque empezó su andadura –como muchas otras empresas de su sector en otros países– como una empresa pública de ámbito nacional, tras su privatización ha sabido desenvolverse exitosamente en un mercado global enormemente competitivo y hoy es una de las más importantes compañías de telecomunicaciones del mundo, con negocio en 25 países y más de 300 millones de clientes.
El prestigio ganado por las empresas españolas en el exterior, tanto en los sectores enunciados como en cualquier otro, es el fruto de la seriedad que deriva de un trabajo serio y profesional. Pero dicho esfuerzo empresarial, para que cristalice en una presencia internacional generalizada, debe contar con el apoyo de un Gobierno que vele por los intereses de dichas empresas. Y en este sentido el cambio de tendencia desde el pasado mes de diciembre ha sido muy claro. Frente al Gobierno de Zapatero, empeñado en hacer de España un país irrelevante en la escena internacional y que con demasiada frecuencia se alineó con los Chávez, Morales o Kirchner en vez de con las legítimas aspiraciones de las empresas españolas, el Gobierno de Mariano Rajoy asume como prioridad en su política internacional volver a colocar a España en el puesto de relevancia internacional, tanto económica como política, que perdimos en los últimos ocho años y en este sentido la excelencia de las empresas españolas constituye una inmejorable tarjeta de visita.

 

Valentín Bote
Director gral. de Ordenación de la Comunidad de Madrid