Actualidad

Después del Polo Norte el Everest y el Cabo de Hornos a la parroquia

Tras lograr alcanzar los lugares más extremos de la tierra, el popular aventurero quiere dedicar su vida a Dios. 

Fedor Konyukhov es un ucraniano de 58 años que se ha convertido en uno de los exploradores más grandes de la historia y su nombre ya aparece por mérito propio en la enciclopedia «Crónica de la humanidad». Ha conseguido alcanzar los cinco puntos más extremos del mundo: el Polo Norte, el Polo Sur, el Polo de la Inaccesibilidad (el lugar de acceso más complicado de la Tierra, en el Ártico), la cima del monte Everest y el Cabo de Hornos, siempre difícil de recorrer por mar.

Nació en una familia humilde de campesinos y pescadores, trabajó en el campo y estudió en la escuela de navegación de Odessa, para entrar posteriormente en el seminario ortodoxo de San Petersburgo, aunque en aquella época no llegó a acabar sus estudios. Su esposa Irina le dio dos hijos y ahora el matrimonio ya tiene cinco nietos.


La llamada de Dios
Después de lograr todas sus hazañas como explorador y aventurero, Fedor ha declarado que le toca el turno a Dios. «He servido mucho a mi país como viajero, ahora es el momento de servir a Dios y a la Iglesia ortodoxa», afirma. El 24 de mayo fue ordenado diácono, con el permiso expreso del Patriarca de Moscú y todas las Rusias, Kiril I. En dos años quiere convertirse en sacerdote diocesano y trabajar como párroco en su Ucrania natal. Cuenta con el apoyo de su esposa, necesario en la Iglesia Ortodoxa para ordenar a un hombre casado.
Su padre, Oscar Konyukhov, explica que su hijo «ha distribuido su vida de la siguiente manera: 30 años de aprendizaje activo, los siguientes 30 años de viajes y los años que le quedan quiere servir a Dios». A Fedor Konyukhov le gustaría organizar una pastoral especial para exploradores. «Dios tiene que estar cerca de los aventureros, porque necesitan de una intercesión especial. Con los amantes del deporte extremo es necesario encontrar un lenguaje común religioso», afirma por experiencia propia.

Recuerda cuando el huracán Daniel desmanteló su barco y quedó a la deriva sólo con una botella de agua y un icono de San Nicolás. «Ahí me di cuenta de que debía retomar la llamada de Dios», afirma, y añade que «en el sufrimiento es posible ver a Dios».


Una vieja cruz
El abuelo de Fedor, antiguo coronel zarista, le regaló a su nieto una cruz que le había confiado el explorador ruso Georgy Sedov, que murió sin llegar al Polo Norte. Fedor alcanzó este punto en tres ocasiones, con la histórica cruz siempre en su pecho. Ahora quiere llevar la cruz a la vida cotidiana de sus parroquianos.
 

Publicidad