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El artículo de Ussía

El paleto

Tiempo de lectura 4 min.

17 de junio de 2011. 21:34h

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18/6/2011

Se inauguraba en Barcelona el nuevo edificio de AGBAR, un intrépido, estético y majestuoso rascacielos apepinado. Tiempos del Tripartito. Era Presidente de la Generalidad de Cataluña Pascual Maragall, y Carod Rovira el que mandaba. Tomaban un refrigerio o un cava –prohibido lo del «vino español»– después del acto cuando el señor Maragall preguntó a uno de los aparejadores de la gran obra. –¿Qué idioma usaban ustedes para dar las instrucciones?–; El aparejador, para no defraudar al Presidente, piadosamente mentiroso, le respondió:–El catalán–. Y a Maragall y Carod les rodaron dos límpidas lágrimas de emoción por las mejillas. El ingenio arquitectónico de AGBAR pasó a un segundo plano. El que fuera miembro del Consejo General del Poder Judicial, el extravagante independentista Alfons López Tena, hoy enrolado en el grupo de Laporta, sufrió como todos los parlamentarios catalanes toda suerte de insultos y vejaciones por parte de los llamados «indignados». López Tena no respondió a los exabruptos de los antisistema porque éstos le insultaron en español y él no acostumbra rebajarse a contestar en ese idioma. López Tena no respondió a los insultos porque corría como un conejo, no le llegaba la camisa al cuerpo y los dídimos por corbata le impedían la emisión de cualquier sonido, lo cual es natural y comprensible, porque fue víctima de un ataque violento. Pero escudarse en la paletería del idioma se me antoja una necedad malintencionada. Lo que ha querido decir López con el Tena después, es que los violentos no eran catalanes de pro, sino «españolistas» –como ellos dicen– infiltrados. Lo que no ha dicho es en qué idioma, español o catalán, hablaron los empujones, las pintadas, los agarrones y los escupitajos. Como era de esperar, el diario «Avui» ha tomado buena nota de la inteligente reflexión del señor López Tena, don Alfons, de niño Alfonsito López. Todo responde a esa manía de los independentistas de intentar molestar hasta en los detalles más insignificantes. Para él, lo grave no fue que unos desalmados violentos usurparan la voluntad popular y el ejercicio de la soberanía nacido de las urnas. Para él lo grave no fue que unos desalmados violentos incurrieran en un grave delito contra la Carta Magna impidiendo la reunión de un parlamento autonómico. Para él lo grave no fue que lo insultaran, zarandearan y vejaran. Para López Tena, don Alfons, de niño Alfonsito López, es que lo insultaran en español, porque en tal caso la grosería triplica la gravedad y la importancia del insulto. Y si así lo piensa y lo siente, es muy dueño de hacerlo y manifestarlo, pero no puede pretender, después de emitir tan exótica afirmación, que la voz «paleto» no se caiga de nuestra boca. Gratuito, absurdo, aldeano y hasta divertido, si se interpreta desde el sobrevuelo que concede el sentido del humor, ese sentido tan lejano al dogmatismo del jurista separatista. Lamento, como en todos los parlamentarios catalanes, las humillaciones sufridas. Y los insultos. Y las pintadas, y las agresiones. Y me sitúo, sin duda alguna, del lado de López Tena, que ha sido elegido por los catalanes en las urnas. Le envío desde estas líneas mi plena y total solidaridad, sea lo que sea y piense lo que piense. Sus ideas no son las mías, pero las respeto y defiendo como si fueran coincidentes. Sólo espero que no se sienta insultado con mis palabras por escribírselas en español. Lo hago con mi mejor voluntad. Alguien sabrá traducírselas.

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