Regreso al lugar del accidente tres años después

La «Suite número 1» para violonchelo de Johann Sebastian Bach y los Cantos Canarios de Teobaldo Power estuvieron muy presentes durante toda la mañana de ayer. La pieza de Bach representaba el dolor de las familias. Los Cantos Canarios son una oda a la esperanza, una nana que dé esperanza a los familiares que vieron cómo sus seres queridos se quedaron dormidos para siempre el 20 de agosto de 2008.

Los familiares colocaron un corazón de rosas
Los familiares colocaron un corazón de rosas

Esto resume muy bien lo que se vivió ayer en el aeropuerto de Barajas. A pesar de que cerca de un centenar de personas estuvieron presentes en todos los actos de homenaje, lo más representativo fue el silencio. Un silencio profundo, largo, como si fuera un fiel reflejo del sonido interior de las personas allí presentes.

El viaje en autobús desde la Terminal 2 a la 4 se hace eterno. La mayoría de los pasajeros parecen ausentes, con la mirada perdida.
Después de pasar por las dos pistas de la T4 aparece un puente nuevo sobre el Arroyo de la Vega y un camino de tierra que hace más accesible el paso al lugar del accidente.

La caravana de diez vehículos, entre Guardia Civil, sanitarios, coches particulares y autocares se detiene a escasos 20 metros del lugar de la tragedia. Desde ahí se pueden observar los 16 metros de desnivel entre las pistas y el arroyo. Mientras los aviones realizan las maniobras de despegue, la configuración de las pistas no coincidía ayer con la del día del trágico suceso, la procesión silenciosa se acerca al monumento de piedra en el que se puede leer «En algún lugar... siempre en nuestros corazones». Unos corazones que aguantaron con entereza el regreso al lugar que cambió sus vidas. Bajo un sol de justicia y ante la atenta mirada de ocho guardias civiles que custodiaban el lugar, sobre todo la parte del arroyo, la presidenta alentó a los presentes con las palabras de Mario Benedetti: «No se rindan, por favor, no cedan, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento...». Pero no es fácil. Las emociones eran muchas y algunos familiares buscaban un hombro en el que apoyarse. Un buen ejemplo es el de la hija del piloto en tránsito, acompañada de su madre, su marido y de su hijo de un año. Se alejó de todos y se sentó en el borde del arroyo sola, como buscando una explicación. Al regreso, poco cambia. El silencio vuelve a llenarlo todo.