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VII / Sanidad: La salud del bienestar amenazada por Ana Pastor

La crisis arrecia y persisten las desigualdades entre pacientes

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18 de septiembre de 2011. 03:24h

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18/9/2011

Nuestro sistema sanitario logró en 2003 ser considerado el 5º mejor del mundo, no sólo en la calidad de los servicios, sino también en la alta cualificación de sus profesionales y en su eficiencia. Hoy su calidad sigue siendo altamente valorada no sólo por las organizaciones internacionales sino por los profesionales y por los pacientes. Pero lamentablemente está atravesando un momento crítico: 15.000 millones de euros de deuda son el mayor exponente de la crisis económica que estamos viviendo, por la política del Gobierno socialista que no diagnosticó a tiempo los problemas y que sigue sin poner en marcha reformas estructurales que permitan generar empleo y riqueza, único camino para recuperar una financiación adecuada de nuestra sociedad del bienestar, de la que la Sanidad es un pilar fundamental.

Casi ocho años sin ninguna reforma estructural, que tanto necesita nuestra Sanidad. ¿Qué ha hecho el Gobierno ante el aumento de la población, en casi 5 millones, la mayor esperanza de vida o el incremento de pacientes con  enfermedades crónicas? Nada. ¿Y ante el aumento de prestaciones sanitarias y la expansión de servicios especializados con el incremento de la demanda asistencial, que se ha más que duplicado? Nada. ¿Y la estrategia nacional de crónicos? ¡Cuántas fotos y qué pocos hechos!

Pasividad absoluta ante la insuficiente dotación presupuestaria. En la conferencia de presidentes de 2005, Zapatero, errando en el diagnóstico, dijo que la Sanidad se arreglaba con anticipos de caja, por cierto, los que hoy reclama la señora Salgado. Durante el Gobierno del PP se hizo un gran esfuerzo para consolidar y mejorar la asistencia sanitaria pública, de modo que se pasó de 487 euros de financiación por persona/año a 1.000 euros, duplicamos el presupuesto sanitario. El Gobierno socialista nos deja una herencia lamentable.
Pero tan importante como esto ha sido la incapacidad para preservar la cohesión del sistema y defender lo más sagrado, la igualdad en el acceso y una cartera de servicios para todos los españoles, lamentable que no haya un calendario de vacunas único.

La política de recursos humanos, inexistente. En ocho años no han sido capaces de desarrollar la LOPS, ni troncalidad, ni áreas de capacitación específica, ni desarrollo profesional, parálisis del Foro Marco para el dialogo social... ¿Dónde están las medidas que permitan un nuevo papel de la atención primaria o la enfermería? ¿Y la colegiación? La falta de planificación ha llevado a que nuestros jóvenes no puedan ingresar en las facultades de Medicina o de Enfermería y al MIR se presenten más de 7.000 profesionales de países terceros.

¿Y la política farmacéutica? Derogaron los precios de referencia que aprobamos, con el acuerdo de todos los partidos, en 2003, que hacían posible preservar la innovación y a la vez que los fármacos que habían perdido la patente pasaran al precio de los tres genéricos más baratos de forma automática y que permitían ahorros de más de 1.500 millones de euros anuales. Seis años después los recuperan. Una política errática: después de tres reales decretos, los actores del sector, industria, farmacéuticos y distribución siguen en la incertidumbre.

El PP ha presentado numerosas y constructivas propuestas para resolver los problemas que se han acumulado, pero en el Consejo Interterritorial y en sede parlamentaria, el Gobierno ha rechazado las soluciones con las que hemos querido contribuir a la sostenibilidad.

El fracaso del Pacto de Estado por la Sanidad expresa, bien a las claras, la testarudez del Gobierno para afrontar el problema de financiación y para introducir reformas estructurales que permitan ganar en eficiencia, en calidad y en satisfacción de pacientes y de profesionales. Se ha gobernado a golpe de decretos-leyes y siempre se ha ido por detrás de los acontecimientos. Ésta es la herencia que deja el Gobierno en materia sanitaria: una Sanidad con serios riesgos de pérdida de calidad, con unos profesionales insatisfechos, con desigualdades de los pacientes, con una deficiente financiación y evidentes necesidades de mejorar en eficiencia. Pero afortunadamente es posible garantizar la sostenibilidad económica y calidad del sistema sanitario.

¿Cuáles son nuestros objetivos? Establecer un nuevo modelo de financiación estable y suficiente. Recuperar la cohesión del SNS. Conseguir que la calidad siga siendo nuestro signo de identidad. Una mayor flexibilidad y una mayor autonomía de gestión, con un sistema de desarrollo profesional homologado para toda España. Queremos recuperar el profesionalismo consustancial a la práctica clínica y la confianza mutua entre pacientes y sus cuidadores, médicos y enfermeros. Una estructura organizativa, participativa y descentralizada, trabajando por objetivos, evaluación de resultados, innovación para conseguir los mejores resultados en salud.

Garantizar la interconexión y la interoperabilidad de tarjeta, receta e historia clínica digital. Una política farmacéutica sostenible, estable y previsible. Y hacer real la coordinación socio-sanitaria y un apoyo efectivo a la investigación y al desarrollo en el ámbito biomédico recuperando el Instituto de Salud Carlos III para el SNS.

Estamos listos para gobernar, para dar solvencia, calidad y equidad al sistema sanitario con la ayuda de todos.


Ana Pastor
Ex ministra de Sanidad



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