Cincuenta librerías en una

Cincuenta librerías en una
Cincuenta librerías en una

«Mira es aquí. Vamos a echar un vistazo». El mochilero sigue a su compañero de viaje y se mete dentro de Blackwell. La librería de la céntrica Charing Cross se ha convertido en una extraña parada turística de la capital británica. Decenas de curiosos, tanto de las afueras como del mismo Londres, se han dejado caer esta semana por el establecimiento para comprobar con sus propios ojos lo que han recogido los medios de toda Europa: «El nuevo cajero automático de libros ya es una realidad». El aparato, calificado por la revista «Times» como el invento del año, es capaz de imprimir y encuadernar cualquier libro del mundo en cuestión de minutos. No importa el idioma ni tampoco que el texto esté descatalogado.«Aquí está. La mayor revolución desde Gutenberg», asegura con orgullo a LA RAZÓN, Gareth Hardy, uno de los responsables de la compra. La primera vez que escuchó hablar del utensilio creado por Jason Epstein fue hace 18 meses. «Me pareció una auténtica revolución. La capacidad de almacenaje es increíble. En una pequeña memoria tienes un espacio equivalente a 37 kilómetros de estanterías o lo que es lo mismo 50 pequeñas librerías. Abre un mundo de posibilidades», matiza.Autores recelososA pesar de que los críticos han vaticinado que lo único que hará el aparato será «matar» a las librerías de barrio, Hardy considera que en el futuro la «Expresso Book Machine», que es así como se llama el gran invento, las hará más competitivas. «Cuando la tecnología mejore y la máquina sea de menor tamaño y más barata, los pequeños establecimientos también podrán hacerse con una y competir con las grandes superficies», añade. De momento, las 130.000 libras que cuesta el utensilio no están al alcance de todos los bolsillos. «No se trata de acabar con las librerías, sino de darles un valor añadido», afirma.Los autores reciben el mismo beneficio si su libro se compra mediante máquina o proceso habitual, pero algunos muestran recelos al no fiarse de la calidad final. De momento, todo se encuentra en fase «muy inicial» y, como en todo presenta varios problemas. Tampoco se puede acceder aún a la web para elegir los libros, pero Hardy confía en que la próxima semana el público tenga una lista con 400.000 títulos. «La intención es que para final del año se llegue al millón». Entre las escasas opciones que dan para elegir se encuentran algunos títulos españoles como «Don Quijote de la Mancha» o «El curioso impertinente», de Cervantes.

Una impresora anticuada La primera versión del aparto se utiliza desde hace un año en Estados Unidos, Canadá y Egipto. La mayor parte de sus usuarios son escritores sin editorial, estudiantes que quieren imprimir su tesis, editores independientes y libreros en busca de reliquias. A diferencia de la máquina londinense, el primer modelo es más grande y tarda 15 minutos en ejecutar todo el proceso. La adquisición de Blackwell se encuentra en un rincón del espacioso local. No llama la atención precisamente por su estética. Si no fuera por los anuncios, el público pasaría a su lado sin inmutarse pensando que se trata de una vieja y anticuada impresora.