Jean-Claude Kaufmann: «Huimos de la pareja porque huimos del conflicto»

«La vida en pareja está llena de pequeñas irritaciones», nos dice el profesor Kaufmann, director de investigaciones del célebre CNRS de Francia y autor de numerosos libros de éxito sobre el amor y la pareja. Kaufmann aborda la convivencia desde una perspectiva científica en «Irritaciones» (Gedisa), un mordaz tratado que nos enseña cómo construir el amor, paso a paso, aprendiendo a superar las irritaciones mutuas y a enfrentarse a los dilemas de una sociedad enloquecida por la guerra de sexos.

-Cada vez que me dejo la pasta de dientes sin tapar, mi santa me monta un cristo.

 

-Es una buena noticia: si alguien te irrita, es que le amas. En cada pareja, los temas que provocan irritación son distintos. Pero he observado que el mecanismo siempre es el mismo: nos ponemos a vivir alegremente con alguien y nos creemos que la pareja es una sola persona.

 

-¿Por eso nos peleamos cada día por el mando a distancia?

 

-¡Renuncie a ejercer el poder todo el tiempo! La pareja es una aventura cotidiana donde se reinventa el mundo. Y esto altera profundamente las identidades de ambos. Seguramente, se sentirá irritado por muchos comportamientos de ese ser que ha entrado en su vida.

 

-¡Pero es que no soporto que ande ordenándolo todo!

 

-Las fricciones cotidianas, las costumbres y manías personales socavan la convivencia en silencio. Por último, un asunto insignificante, como dejarse abierta la pasta de dientes desata el desastre. Entonces comienza un despliegue de tácticas sentimentales para imponerse al otro. Por ejemplo, venganzas secretas, enfados absurdos, manipulaciones sentimentales...

 

-¡Guerra de sexos!

 

-El problema es que 1 + 1 no suman uno, sino cuatro. Primero existe la ilusión de que la pareja es un solo ser, pero muy pronto resurge el individuo, cuando la pareja descubre que las divisiones internas son necesarias para el buen funcionamiento de la convivencia.

 

-Ahí ya sumamos dos.

 

-Sume tres cuando comienza la lucha por la delimitación de los momentos conyugales, que contrastan con los momentos individuales. Por último, sume cuatro cuando nos damos cuenta de que el cónyuge ha traído en la maleta su propio mundo de irritaciones personales, a menudo contradictorias, con las que agitan al otro.

 

-Entonces, ¿el amor siempre es una guerra?

 

-Así es como se construye el amor. Hay que entender que el otro es distinto, y es a través de la diferencia que construimos algo juntos.

 

-¡Cuán cerca conviven el amor y el odio!

 

-Y que lo diga. Lo que ocurre es que ahora el ideal ya no consiste en durar toda la vida, sino en estar en armonía con alguien. A menudo huimos de la pareja porque huimos del conflicto a la primera de cambio.

 

-Zygmunt Bauman lo llama «amor líquido».

 

-Sí, se trata de gente que quiere estar disponible para encontrar amor, pero cuando lo encuentra no se compromete, precisamente para seguir estando disponible... para el amor. Comprometerse en el amor significa dejar de buscar algo mejor y, sobre todo, dejar de comparar.

 

-¿Y no será cierto que el amor dura tres años?

 

-Cada estudio científico dice una cosa distinta: tres, cuatro, siete... ¡Qué más da! No creo en las condenas científicas. Una relación amorosa es un organismo vivo que pasa por diferentes ciclos y fases. Cuando la de descubrimiento se calma, nos instalamos en la ternura y la confianza. Son sentimientos más pausados, pero más profundos. El otro día vi a una entrañable pareja de octogenarios cogidos de la mano.

 

-¿Cómo han llegado a viejos en pareja?

 

-Apuesto a que, en todos esos años de convivencia, ninguno de los dos intentó cambiar al otro.