Josep Maria Flotats: «Lo deprohibido prohibir de mayo del 68 es mentira»

«Todavía no estoy con el peso y la edad, pero me gustaría hacer de Rey Lear»
«Todavía no estoy con el peso y la edad, pero me gustaría hacer de Rey Lear»

Aaunque lo ha sido todo en el teatro, no ha perdido un ápice de su pasión por la escena. Tras el éxito en el Español, el próximo 12 de agosto Josep Maria Flotats reestrena en el Infanta Isabel «El encuentro entre Descartes y Pascal joven». Una clase de filosofía para todos los públicos.-Se le está poniendo cara de Descartes.-¿Verdad? Para la escena va bien, pero para ir en metro... Creo que parezco un hippie reciclado. -Después de ver su obra, dicen que el público sale más listo, ¿piensa patentarlo?-Pero eso lo dicen ellos mismos. Tienen la sensación de salir más leídos, más versados. Que han subido un peldaño hacia el «homo sapiens» ¿No es precioso?-Y eso que el título, a priori, espanta un poco: «El encuentro de Descartes con Pascal joven».-Pero si te dicen que sólo se vieron una vez en la vida, durante cinco horas, en un convento y que no hay rastro literario, ni correspondencia posterior de lo que allí sucedió... ¿A que te interesa?-Me imagino que se produciría una guerra de egos.-Yo creo que no. No pudo haber guerra de vanidades entre dos genios, dos mentes privilegiadas. Cuando la inteligencia está a ese nivel, se sabe contextualizar. La bondad es un tipo de inteligencia.-Y Pascal tenía 24 años y Descartes 51.-Y Pascal no había publicado nada mientras que Descartes lo había publicado todo. Pascal a los 16 años había inventado su famosa máquina aritmética, el antecesor de nuestros PC... Ambos tenían una visión opuesta del mundo. Eran una especie hoy en extinción, dos hombres de bien. -¿E intentan convencerse el uno al otro?-Pero con diálogo, concepto hoy perdido. Se escuchan y dialogan... ¡fíjate qué revolución! -¿Usted ha pasado alguna crisis de fe, como el joven Pascal?-No. Fui educado católicamente con los maristas franceses, que eran muy abiertos, muy poco tremendistas y oscurantistas.-Dicen que es un pesimista ilustrado.-Yo diría que un pesimista activo. Y ejerzo. Pongo un pie delante de otro, aunque probablemente no sirva de nada. Soy tozudo. Sigo adelante. A pesar de las crisis y las depresiones.-Pla decía que tener que escuchar era de pobres, ¿qué le parece?-Adoro a Pla y siempre tiene una cita para cada cosa. Pero no escuchar es de tontos, de necios.-¿Nos estamos volviendo demasiado pastoriles?-Sí. Porque la sociedad civil se ha aburguesado. Ha conquistado un nivel de confort al que no quiere renunciar y por eso está dispuesta a pagar el precio que sea, incluso el de la tibieza.-Pues en las Escrituras se dice: «A los tibios les vomitaré de mi boca».-Pues a mucha gente le da igual. El temor a perder su estatus les lleva a no hacer ruido, a callarse. Aunque mi lado pesimista piensa: ¿hablar sirve de algo? De vez en cuando, en algún medio, oímos voces brillantes y comprometidas que dicen lo que hay que decir. Uno cree que se ha levantado la veda de la mediocridad y luego... ¡no pasa nada, todo sigue igual! -A lo mejor los que tienen que pensar no están en plenas facultades...-Hay muy pocas mentes lúcidas. Pero los pocos que piensan, no sirve de nada. El poder les utiliza para que todos veamos que somos una sociedad profundamente democrática. ¡Mentira!-El comunismo es una enfermedad senil y el capitalismo se ha autodevorado... ¿A dónde vamos?-Habrá que pensar nuevas maneras de gobernarnos. No te olvides que somos igual de egoístas que hace siglos, pero más letales. -Los partidos de izquierdas toman medidas de derechas y los de derechas medidas intervensionistas de izquierdas. ¡Esto es un caos!-Es que unos se dicen de izquierdas y otros de derechas pero todos gobiernan al centro. -¿Dónde está Rajoy?-En el centro, con el PSOE.-Y usted que conoce tan bien Francia, ¿qué le parece la gestión de Sarkozy?-En algunos puntos estupenda: la declaración sobre el velo islámico y que sólo atañe a la libertad individual de las mujeres, escorando la religión, me emocionó. El burka es una prisión ambulante. Yo lo prohibiría... Aquello de mayo del 68 de «prohibido prohibir» es mentira. Un cachete de vez en cuando es muy pedagógico.-Hablaba antes de valores. ¿No es un concepto que hemos devaluado?-Pues sí, pero lo que más me ofende en la calle es la falta de urbanidad, aunque parezca una bobada. -Lo decía Urrutia en su canción «Caray».-Es que si desaparece la urbanidad, desaparece todo. Yo hago militancia: abro una puerta y les dejo pasar. Cuando veo que no me dan las gracias, digo con voz de teatro: «No soy el portero, hay que dar las gracias». -Como el cuento zen: predica para que no le convenzan.-¡Es que es una ley de mínimos! Aunque me vean como un loco.... o un antiguo.-Un actor debe ser...-Una persona física y mentalmente muy equilibrada. Nada de locuras como cuentan las leyendas, ni confundir la gimnasia con la magnesia. Frecuentar personajes distintos no te puede hacer perder el norte. -En «París 1940» ya se metió en diseñar el vestuario, y en esta obra, también. ¿Frecuenta desfiles?-En París he ido millones de veces y aquí he ido a ver a Devota & Lomba, que hicieron los trajes de «Arte». Me fascina ver las cosas de alta creación.-Y al fútbol, ¿ha ido alguna vez?-Sólo he ido una vez y porque sabía que sólo yo ganaría el partido: era el Barça contra el París Saint Germain. Son mis dos ciudades y cualquiera de las dos victorias me emocionaría. -¿Pero le gusta el fútbol?-Lo miro de vez en cuando, porque no puedes no estar al corriente de lo que pasa, aunque no lo quieras. ¡Y eso me parece una invasión en la vida privada! Hace un año salieron unas cifras que no han trascendido: el teatro en Madrid había recaudado más dinero que los tres campos de fútbol juntos. ¿Quién se enteró?-¿Hablamos de cocina deconstruida?-La alta y gran cocina me gusta, pero prefiero que sea tradicional. Estoy encantado de investigar pero cuando me dan un poquito de algo rico y pido un plato entero de eso, no me lo dan. Me pasan a otra cosa pequeñita de otro sabor. -¿En qué lecturas anda enredado?-Ahora voy a atacar «Cosmos y Psique» de Tarnas, que me recomendó Carmen Calvo cuando era ministra y fue a ver la obra. -Dicen que es el Belmonte de la escena. -No lo creo. ¿El más grande? Además, con los toros tengo un amor de ir y venir: me gustan, no me gustan, me vuelven a gustar... -¿Qué le falta hacer? -Hay un Fausto que me ronda la cabeza... Un Ricardo III.... Todavía no estoy con el peso y la edad, pero me gustaría hacer de Rey Lear...

Vestido con el espíritu de DescartesJosep Maria Flotats no necesita diapasón alguno para llevar su osamenta perfectamente afinada. Alto, guapo, de distinguidos ademanes y vestido de un blanco impoluto con sello Armani en el reverso, te mece con su voz de tenor sabiamente entrenada. Frente a un café americano –y con sacarina–, se muestra como debe ser aunque nadie le vea: lúcido, cortés, entrañable, sensato... E imbuido del espíritu de Descartes, con quien comparte, amén de flequillo, sabiduría milenaria. Una mañana de domingo con él es la mejor de las sopas que puedan calentar el espíritu.