«La nueva universidad no será sólo para los que tienen más recursos»

Salvador Ordóñez / Rector de la Universidad Internacional menéndez pelayo (UImp)

MADRID- El rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Salvador Ordóñez, tiene la maleta lista. Se marcha...Al «buque insignia» de la UIMP, el Palacio de la Magdalena, en Santander, donde empieza una actividad frenética de transmisión de conocimiento en humanidades, derecho, política, economía, empresas y gestión, ciencia y tecnología, medicina, educación y formación con las más prestigiosas personalidades de todos los ámbitos. La sede de la universidad en la madrileña calle Isaac Peral está prácticamente desierta. Todo son cajas y camiones de mudanza que tienen como destino la capital cántabra. Casi a punto de marcharse, el rector atiende las preguntas de LA RAZÓN.

–¿En qué medida afecta el proceso de Bolonia a la UIMP?

–Nosotros no tenemos estudios de Grado, todos son de Posgrado y están adaptados desde hace dos años a Europa.

–Han sido entonces los más madrugadores en adaptar los estudios al proceso de Bolonia.

–Hemos madrugado porque desde el principio hemos trabajado conforme a Bolonia. La Ley Orgánica de Universidades nos confería, desde 2001, la posibilidad de dar estudios de Posgrado y la mayoría se han hecho desde que estoy como rector. Todos han pasado ya su control de calidad. Nuestra universidad antes tenía estudios «informales», que no dan un título.

–¿Cuántos máster ofrecen?

–Diez, por ahora, además de cuatro títulos propios, pero estamos creciendo y en septiembre llegaremos a quince.

–¿Cree que se han hecho las cosas bien en este convulso proceso de adaptación de la universidad española a Europa?

–Yo he sido actor del proceso, porque fui secretario de Estado de Universidades durante dos años e hice algunos reales decretos y colaboré en la modificación de la Ley Orgánica de Universidades. Creo que el cambio es difícil porque afecta a una comunidad de 100.000 profesores y millón y medio de alumnos. Y, sobre todo, lo complicado es transmitir la importancia que tiene porque básicamente lo que se pretendía hacer con Bolonia era un sistema que fuese comparable con el resto de los 46 países que forman parte del acuerdo, establecer una medida comparable, el suplemento al título, y un sistema de calidad. Decir si se ha hecho bien o mal no lo sé. Lo veremos en el año 2015. Me considero parte de los que han colaborado en este asunto para bien o para mal.

–¿Nuestra universidad estaba desfasada?

–No, pero una universidad es más universidad cuanto más abierta está al mundo. Ya en la Edad Media los profesores y los alumnos se trasladaban de unas a otras. Es una línea fundamental.

–¿Por qué ahora es tan importante estudiar fuera?

–Porque aporta una visión en tres dimensiones del mundo. Conocer diferentes culturas, idiomas, formas de pensar o métodos de enseñanza te permite tener una visión más interesante, más en relieve. Por otra parte, en este momento nadie tiene asegurado poder trabajar en el país donde ha realizado sus estudios.

–¿Los estudiantes tendrán una proyección profesional mayor fuera de España con estos cambios en la universidad?

–Una formación más integral porque contribuirá a formar a ciudadanos del mundo.

–¿Las universidades tienen suficiente presupuesto para abordar este cambio?

– Tienen presupuesto para muchas cosas, pero decir suficiente es un término muy complicado porque pedir más es lógico.Yo acabé la carrera en el año 71 y la universidad de ahora no tiene nada que ver con la que yo conocí. No había casi bibliotecas, pocas prácticas... La universidad de ahora tiene más medios que nunca y hay que aprovecharlo. Lo importante es que los alumnos comprendan esto y lo aprovechen, porque el cambio de modelo económico pasa por la formación. Cuanto más formada esté nuestra población, mejor modelo de crecimiento tendremos, más sostenible y completo.

–¿La nueva universidad será para aquellos que tienen mayores recursos?

–Yo creo que no. El otro día en el Consejo de Universidades se estudiaba el coste de los Posgrados, que es un asunto que a todo el mundo le preocupa, y se garantizaba que iban a ser costes semejantes a los del Grado actual. Las instituciones públicas pretenden dotar de abundantes ayudas. Los estudios de Posgrado de categoría tienen un coste y pueden asumirse a través de becas, préstamos y subvencionando a las propias universidades. Hay que garantizar la igualdad de oportunidades para que cualquier persona obtenga la formación que le corresponde por su capacidad.

–¿Por qué cree que el fracaso universitario es tan alto?

–Las universidades a veces dan una formación que no se traduce exactamente en títulos, pero sí en saber, en conocimiento, en capacidad de análisis, en formar a personas con una capacidad crítica. Muchas veces a una persona el título no es lo que más le interesa. El rendimiento habría que evaluarlo tomando como referencia si las personas que pasan por allí, aunque no hayan culminado sus estudios, han adquirido formación. El título puede ser un objetivo o no. Creo que tengamos que facilitar que las personas que han adquirido unos conocimientos tengan algún tipo de certificación de que esa persona ha estado en una universidad, y en ese sentido el suplemento al título, que introduce Bolonia es una buena idea. Además, cada persona acaba cuando cree que debe acabar en función de sus intereses personales o laborales.

–¿Qué novedades y atractivos ofrecen este años los cursos de verano de la UIMP?

–Tenemos diez sedes que pondrán en marcha alrededor de 500 seminarios. También hay encuentros de un día y medio o dos. Sólo en Santander este año tenemos 207 seminarios en el Palacio de la Magdalena.

–¿Cuáles son los ejes en torno a los que girarán?

–Los temas relacionados con la recuperación económica, la salida de la crisis y la lucha contra la pobreza; las políticas de Igualdad y la Ley de Dependencia y las relaciones entre Justicia, Terrorismo, encuentros de culturas, y las celebraciones de efemérides como las de Darwin, el Año Internacional de la Astronomía...

– ¿Cuánta gente pasa por su universidad?

–Unos 3.000 ponentes, 8.000 estudiantes y 80.000 personas por las actividades culturales.